Madrid.-El retroceso de los glaciares y la relación del ser humano con la naturaleza protagonizan La pietà, el documental de Pepe Andreu y Rafa Molés que utiliza la belleza del paisaje y la memoria de una familia islandesa para invitar a reflexionar sobre la crisis climática y la necesidad de actuar frente a ella.
«Fue para nosotros impactante ver que en dos años el cambio había sido tan brutal», han explicado a EFEverde los directores, que comprobaron cómo una gran pared de hielo que habían filmado había desaparecido cuando regresaron al lugar dos años después.
El largometraje, de 82 minutos de duración, se proyectará el miércoles 21 de octubre a las 19:30 horas en Cineteca Madrid, durante la semana que se celebra Another Way Film Festival, que conmemora su XII edición en Madrid del 20 al 25 de octubre.
Una familia que observa el glaciar
La película parte de la historia de una familia de ochos hermanos que vivió durante décadas en una granja aislada a los pies del glaciar Vatnajökull, en Islandia. Sus integrantes dedicaron buena parte de su vida a estudiar el entorno natural que los rodeaba.
Entre ellos, Flosi Björnsson registró en sus diarios observaciones sobre el glaciar cuando todavía no se había generalizado el término «cambio climático».
Andreu y Molés llegaron a la granja durante un viaje a Islandia, después de que un coproductor islandés les hablara de esta familia. Allí encontraron una casa abandonada, fotografías, manuscritos y una película en color de los años cincuenta que mostraba a sus habitantes y sus expediciones al glaciar.
«Era como una puerta en el tiempo, a un pasado donde la relación del hombre con la naturaleza era distinta a la de ahora», han recordado.
A partir de esos materiales, los cineastas construyeron un relato que relaciona el legado de la familia con la labor de científicos y divulgadores actuales, entre ellos el fotógrafo Ragnar Axelsson, conocido por documentar los efectos del cambio climático en el Ártico.
Para los directores, la historia de Flosi demuestra el valor de observar y registrar los cambios del entorno incluso antes de comprender por completo sus causas. Frente a la cantidad de información científica disponible hoy, consideran que la magnitud de la crisis climática puede generar una sensación de impotencia que termine por paralizar la acción.
«Aquello que está en tus manos es muchísimo más de lo que implicaría lamentarse y no hacer nada», han sostenido.

La belleza como herramienta de concienciación
La pietà aborda la desaparición de los glaciares a través de una propuesta visual y sonora que busca alejarse del relato exclusivamente informativo o catastrofista.
La película utiliza la belleza del paisaje, los sonidos del hielo y un ritmo contemplativo para invitar al espectador a detenerse y observar.
El título remite a la representación artística de La piedad, en la que la Virgen María sostiene el cuerpo sin vida de Jesucristo.
Los directores trasladan esa imagen al glaciar, al que presentan como un cuerpo herido por la acción humana. La metáfora también aparece en las sábanas que cubren los objetos de la granja abandonada y en las telas que se colocan sobre el hielo para reducir su exposición al sol.
«Creemos que la belleza en sí puede ser un motor de movilización, un motor político incluso», han explicado.
Durante el rodaje, realizado en varios viajes a Islandia y Suiza a lo largo de casi tres años, el equipo afrontó condiciones meteorológicas extremas, dificultades técnicas y los costes de filmar en entornos glaciares. Los realizadores destacan que la experiencia les permitió comprobar hasta qué punto las imágenes captadas pueden quedar desactualizadas en poco tiempo.
La película también plantea una reflexión sobre el turismo y la forma de relacionarse con los paisajes. En opinión de Andreu y Molés, la visita a espacios naturales puede convertirse en una experiencia de consumo rápido, centrada en llegar a los lugares más conocidos y fotografiarlos, sin dedicar tiempo a comprenderlos.
Frente a esa dinámica, el documental propone una mirada más pausada, que permita escuchar y observar el entorno.

Del cine a la acción
Los directores esperan que la película contribuya a que el público tome conciencia de la pérdida de los glaciares y cuestiones sus hábitos de consumo. Su objetivo, han explicado, no es únicamente transmitir información, sino generar una emoción que favorezca la reflexión, incluso entre quienes se muestran menos receptivos a los mensajes sobre la crisis climática.
«Si la gente sale concienciada de que se tiene que relacionar con el entorno de otra manera, estaríamos muy contentos», han afirmado.
El documental también ha tenido un efecto en el entorno familiar que reconstruye. Tras una proyección reciente en Islandia, algunos descendientes de parientes lejanos reconocieron que desconocían parte de aquella historia. Según los directores, la atención despertada por la película ha contribuido a impulsar una exposición permanente con objetos y materiales conservadores en la granja.
Para Andreu y Molés, recuperar esa memoria forma parte de la misma tarea que inspira el documental: prestar atención a aquello que está desaparecido antes de que sea demasiado tarde.
A parte de proyectarse en el festival Another Way, la película se podrá ver en cines de toda España en diciembre.
Andreu y Molés han destacado, además, las dificultades que sigue encontrando el cine documental en España para llegar a las salas, pese al reconocimiento internacional que recibe en festivales.
«Es importante que se vea en una sala oscura, porque es como realmente funcionan y se disfruta esta película», han señalado los directores, que revindican la necesidad de acercar el documental al público y de mantener su recorrido más allá de los festivales.
jra/mnc
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