Mari Navas
Madrid, 15 abr (EFE).- Frente «al caos que envuelve toda la política planetaria», el secretario general para el Reto Demográfico, Francesc Boya, defiende «la revolución de la proximidad», de la agricultura sostenible, el potencial de las energías renovables o e los bosques, que hace que la posición de España en estos momentos sea mucho mejor que la de otros países europeos.
«Hay muchas razones que, precisamente en este contexto de tanta fragilidad en la globalización, nos devuelven otra vez al territorio de la proximidad. Y ahí, el medio rural es imbatible», asegura en una entrevista a EFEverde con motivo del III Encuentro Nacional de Centros de Innovación Territorial (CIT), que se celebra entre este jueves y el próximo viernes en Ponferrada (León).
En su opinión, España se encuentra ante «un cambio de época» en el que cada vez se abren más oportunidades en los entornos rurales y en el que hay que entender que el territorio «es la llave» que permite hacer frente a muchos de los desafíos a los que se enfrenta el país en este momento.
«Hay que volver a mirar con mucho más interés lo local y todas esas producciones estratégicas que tienen más sentido ahora que hace unos años cuando creíamos en esa imparcialidad de la globalización que al final hemos descubierto que es también frágil y muy vulnerable», afirma.
La economía verde, clave
En este sentido, considera que la economía verde tiene que ser «la gran apuesta de futuro para hacer frente al cambio climático», con prácticas que juegan un «papel clave» como la ganadería extensiva, la agricultura regenerativa o el desarrollo de las energías renovables, pero que se tienen que asentar en el territorio «de forma conciliadora» y teniendo en cuenta a las personas que ya viven en estos lugares.

Estas actividades, según Boya, podrían ayudar «a salir de la trampa de los combustibles fósiles», de la agricultura y de la dependencia «de terceros y cuartos países», con la fragilidad que eso supone.
Aquí señala que las empresas están mostrando «cada vez más interés por los entornos rurales» y destaca el papel de los CIT, que espera sean sobre 30 al final de año, como «una antena» de los territorios con los ámbitos de conocimiento, pero también entre sí.
El territorio de los 30 minutos
Con el objetivo de conseguir “un cambio estructural”, el Gobierno presentó el pasado febrero la II Estrategia Nacional para la Equidad Territorial y el Reto Demográfico, que Boya espera que se lleve al Consejo de Ministros «en breve» para comenzar a implementarla.
El plan incorpora iniciativas como el denominado territorio de media hora, que pretende garantizar que los habitantes del medio rural dispongan de servicios a una distancia máxima de 30 minutos.
«Es hablar por una parte de esa capacidad para atender bien a la gente que vive en ellos y, por tanto, ahí tenemos el patrón tiempo que se muy importante y por eso hablamos del país de los 30 minutos y luego acompañar esto con procesos de innovación que nos permitan hacer cosas distintas y más ambiciosas de lo que hemos podido hacer hasta ahora», explica.
Un momento de urgencia
Boya considera que están en un «terreno resbaladizo», ya que se trata de «una política relativamente nueva», pero a la vez están «bastante convencidos y seguros» de que lo que están haciendo «es lo correcto» en un momento de urgencia para los entornos rurales.
En cualquier caso, recuerda que esto «mágico no es» y que es complicado darle la vuelta al proceso que se ha producido durante muchas décadas de vaciamiento del territorio con una economía acumulativa en torno a grandes polos.
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«Hay que rehacer un proceso de repensar y reconstruir algunos espacios que están muy dañados desde el punto de vista demográfico y desde el punto de vista de la densidad poblacional, pero también del propio ecosistema vital, porque son zonas donde vive mucha gente mayor y donde a veces es difícil encontrar talento o apoyo suficiente como para alcanzar algún tipo de desarrollo económico», afirma.
Aún así, «hay un nuevo impulso», en especial desde 2020, de los municipios de menos de 5.000 habitantes, de los que el 40 % ha crecido población, lo que da «esperanza» si se mantiene una política de largo alcance.
Una política de «lluvia fina»
Y esta es, para el secretario general, una de las claves: poner en marcha una política de largo alcance, no de una legislativa.
Todo ello en un contexto en el que, pese a que el mundo rural «tiene lógicamente muchos desafíos en sí mismo», la acción de la agenda política y social ha provocado «un cambio».
«Esta tiene que ser una política forzosamente de medio plazo en el sentido de que no hay soluciones mágicas. Se necesita lluvia fina. Se necesita una política continuada y en la que se reconstruya también, en algunos lugares, un tejido social que por cuestiones demográficas, ha desaparecido o casi», continúa.
Además, también pide cambiar el relato «en positivo del medio rural» y que la gran ciudad no se acuerde de lo urbano solo cuando hay problemas como los incendios forestales.
«Que tome conciencia exactamente de la trascendencia que tiene la provisión de alimentos, el suministro de agua, la energía. Es decir, elementos que son absolutamente claves para la vida cotidiana de las ciudades, que la gente tiene que saber que eso lo tenemos gracias a que hay gente en el territorio, en las zonas rurales, estimulando y ocupándose de todos esos procesos vitales para la vida», sentencia.
Un mundo rural que será uno de los grandes perjudicados del cambio climático, pero también un aliado indispensable para hacerle frente. EFEverde
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