Bendecidas por esta ¿maldición?, las babosas marinas conocidas como liebres de mar por la forma de sus cabezas, le deben a su hermafroditismo la capacidad de formar «cadenas de amor» cuando llega la época de la reproducción.
Así, se acoplan entre ellas formando un círculo, a veces de tamaño considerable, en la que todas y cada una de ellas actúan como macho y hembra a la vez, en una suerte de feliz apareamiento.




