En la imagen de archivo tomada en abril de 2025, desplazados sudaneses avanzan desde el campamento de Zamzam camp hasta Tawila Camps. EFE/ Marwan Mohamed
CAMBIO CLIMÁTICO

Cambio climático y refugiados: una crisis más para quienes ya lo han perdido todo

Mari Navas

Madrid.- La última noche en la que Grace Dorong escuchó la voz de su madre fue también la que huyó de Sudán del Sur. Era pequeña y lo único que recuerda es cómo se adentraron en la oscuridad. Nada más. El día posterior se encontró siguiendo a la multitud en un viaje lleno «de penurias» y, después, llegarían los 15 años como menor no acompañada en el campo de refugiados de Kakuma (Kenia).

Allí vivió la pérdida de identidad, los falta de comida y condiciones higiénicas, el sentimiento de privilegio porque tú has sobreviviendo mientras que otros están muertos, pero también la oportunidad de contar con una educación o la tan ansiada seguridad.

Dorong tuvo que dejar su casa debido a un conflicto y los desastres naturales relacionados con el clima. Años después, esta antigua refugiada y fundadora y directora ejecutiva de la organización Root of Generation (ROG) defiende en una entrevista a EFE Verde que un problema no se puede entender sin el otro.

«Estas crisis están, en realidad, realmente entrelazadas. Es decir, hay una por la que te desplazas, hay otro desplazamiento debido a otra, así que huyes de una situación a otra, pero lo mejor es que, al menos, no se oyen disparos», asegura.

Grace Dorong, activista climática de Sudán del Sur y antigua refugiada, en la COP29. UNHCR/Melik Benkritly

Varias crisis en una

Según los datos de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), a mediados de 2025, 117 millones de personas se habían visto obligados a desplazarse de sus hogares por la guerra, la violencia y la persecución. Tres de cada cuatro viven en países con un nivel de exposición alto o extremo al cambio climático.

En los últimos diez años, los desastres relacionados con el clima han provocado unos 250 millones de desplazamientos internos, es decir, unos 70.000 al día y, de los 1,2 millones de refugiados que regresaron a sus hogares a principios de 2025, la mitad lo hicieron a zonas vulnerables al clima.

Son cifras, pero detrás de cada una de ellas hay madres que quieren alimentar a sus hijos o niñas que quieren ir desesperadamente a la escuela, en palabras de la portavoz global de ACNUR Eujin Byun.

Más desplazados por el cambio climático

«Cada vez vemos más personas desplazadas por el cambio climático. Pero lo importante es que -déjame contarte lo que oigo decir a menudo a los refugiados y lo que estamos viendo- quieren quedarse cerca de su hogar», explica en la misma videollamada en la que participa también Dorong.

Esto significa que, tras su huida de la violencia, se encuentran con nuevas dificultades como el cambio climático, que «añade más vulnerabilidad, más dificultades y más retos para quienes ya lo han perdido todo y que, además, les obligan a desplazarse allá donde estén».

Byun no se queda solo en las cifras, sino que pone ejemplos, como que quienes huyeron de la guerra en Sudán y construyeron sus refugios en Maban se enfrentan a inundaciones cada año o que los que cruzaron hasta Chad sobreviven con apenas nueve litros de agua al día, una cantidad muy inferior al estándar de emergencia de 20 litros.

ACNUR: Refugiados y desplazados internos, entre los más afectados por el cambio climático

«Por eso el clima es tan importante para nosotros y por eso pedimos a la comunidad internacional que preste mucha atención al cambio climático, porque esos refugiados y mucha gente del Sur Global no tienen realmente nada que ver con el cambio climático, pero son ellos quienes soportan la mayor parte de sus efectos en este momento», continúa.

De hecho, recuerda que son los países de renta baja y media los que acogen a la mayoría de los refugiados, como Chad, que aloja a 1,2 millones de refugiados, o Uganda, con 1,9 millones.

«Todos esos países [ricos] que se han comprometido a conceder asilo a quienes huyen de la guerra, la persecución y la violencia no están cumpliendo su promesa, es así de sencillo, mientras que países como Chad, Sudán del Sur, Kenia y Etiopía sí están cumpliendo», afirma.

La portavoz de Acnur, Eujin Byun, en una imagen cecida.

En la mesa de negociación

La representante de ACNUR hace referencia a la justicia climática, pero también habla de financiación y de escuchar a los refugiados. Algo que ya había mencionado Dorong unos minutos antes.

«El mayor error que cometemos cuando hablamos de los refugiados es hacerlo sin contar con ellos. Estáis hablando de algo que me concierne, pero lo hacéis sin mí. Eso es un gran error, porque no sabes lo que quiero ni cómo quiero que se haga», explica Dorong.

Por ello, desde ACNUR consideran fundamental que estos grupos siempre se sienten a la mesa cuando se aborde el tema de la financiación climática: «Tenemos que sentarlos a la mesa y luego tenemos que escucharlos, no podemos limitarnos a decidir lo que queramos que suceda».

Garantizar sus derechos

Pero también ponen el foco sobre las dudas que se plantean sobre la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, ya que esta «no abarca el cambio climático porque se redactó hace 75 años cuando no existían, o eran mínimos, los desplazamientos relacionados con el clima».

La convención, que se creó tras la Segunda Guerra Mundial, establece que las personas que huyen de la guerra, la persecución o la violencia tienen derecho a buscar refugio en otro país y no deben ser devueltas a una situación de peligro.

«Ahora, tras 75 años, nuestra responsabilidad es muy clara: si esas personas se ven obligadas a huir de sus hogares y pierden todos y cada uno de los derechos propios de un ser humano, tenemos que asegurarnos que se garanticen esos derechos: el derecho básico a solicitar asilo, a buscar protección y a buscar seguridad», reflexiona Byun, que recuerda que eso afecta a todo el mundo y que le podría pasar a ella misma mañana.

Todo ello para que esas personas no tengan que volver a sus lugares de origen porque «no hay escapatoria», después de que al intentar escapar del peligro, vivan situaciones que les «obliga a volver a él», en palabras de Dorong.

«Por eso ven que no hay escapatoria. De hecho, yo lo vería como si no hubiera otra salida. Simplemente algunos dicen que es mejor irse y morir en su país que morir en un país extranjero. Así que entonces optan por volver. Esto no debería interpretarse como algo positivo. Debería interpretarse como que no encuentran ninguna salida», afirma.

Tras años como refugiada, Dorong habla desde Sudán del Sur, desde donde pide que no se aíslen a los campamentos de las comunidades anfitrionas o se estigmatice a estas personas vulnerables. Personas que, como ella, tan solo persiguen algo tan básico como la seguridad. EFE Verde

mnc

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Mari Navas

Malagueña. Graduada en Periodismo y Comunicación Audiovisual por la Universidad Rey Juan Carlos. Redactora de información medioambiental en EFEverde. Antes pasé por el departamento de Economía y fui corresponsal en Frankfurt (Alemania) para la Agencia EFE. También he trabajado para El Mundo, las webs de Informativos Telecinco y Noticias Cuatro y la revista Lecturas.