Pekín/ Katmandú.- China ha afirmado que el colapso de un glaciar nepalí cuya estabilidad se había visto afectada por un «periodo prolongado de calentamiento climático global» fue el causante de la riada que ha arrasado esta semana el norte de Nepal y el condado tibetano de Gyirong y que deja ya al menos 768 muertos a ambos lados de la frontera.
Un equipo de expertos dependientes de la Academia China de Ciencias ha dado por «esclarecida» la causa de la riada tras analizar imágenes de teledetección, datos de vigilancia y observaciones realizadas sobre el terreno, según ha informado la televisión estatal CCTV.
De acuerdo con la reconstrucción, hacia las 10:52 hora local (04:52 hora peninsular española) del miércoles se produjo el colapso de un glaciar situado en Nepal a unos 5.200 metros de altitud.
La masa de hielo cayó rápidamente hasta una cota cercana a los 4.000 metros y, al impactar contra la montaña, generó un gran flujo de lodo, rocas, hielo y otros materiales que descendió por el valle en dirección al paso fronterizo de Gyirong, entre Nepal y la región del Tíbet (suroeste de China).
La corriente recorrió unos 22 kilómetros antes de alcanzar el paso, situado a unos 1.800 metros de altitud, y cubrió todo ese trayecto en aproximadamente seis minutos y siete segundos, según los cálculos difundidos por las autoridades chinas.
El torrente afectó a una superficie de unos 0,7 kilómetros cuadrados en el entorno de Gyirong y arrasó 27 edificios e instalaciones anexas, entre ellas buena parte del complejo fronterizo, que quedó completamente sepultado por lodo y escombros.
Los investigadores chinos han señalado que la inestabilidad del glaciar estuvo relacionada con los efectos acumulados de un calentamiento climático prolongado y describieron el episodio como un «fenómeno de aparición repentina», «gran caudal», «elevada velocidad» y «fuerte capacidad destructiva».
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Al menos 768 muertos
Una catástrofe que deja, al menos 768 muertos, después de que las autoridades nepalíes sumaran 77 fallecidos en su última actualización de este domingo, mientras las listas de desaparecidos a ambos lados de la frontera alcanzan ya las más de 3.000 personas sin localizar.
La Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres (NDRRMA) de Nepal ha confirmado que hay unas 2.502 personas de las que no se sabe nada desde el desastre en territorio nepalí, tras elevar a 589 los ciudadanos extranjeros desaparecidos.
A primera hora de hoy, China ha elevado a 16 los fallecidos reportados en la vertiente tibetana, mientras las autoridades sigues buscando a 564 desaparecidos en su territorio.
El boletín de Nepal informa de al menos 239 heridos y asegura que se han desplegado equipos médicos quirúrgicos en las zonas afectadas, con 41 vuelos en la zona sólo hoy.
Operaciones de rescate complicadas
Más de 19.800 efectivos del Ejército y la Policía se han desplegado en el país para continuar con las operaciones de rescate en la quinta jornada, en la que sigue siendo una prioridad dar con el paradero de miles de personas, especialmente en las centrales hidroeléctricas que quedaron sepultadas y donde se teme que estén atrapados más de 900 trabajadores.
Unas operaciones complicadas debido a la formación de repesas naturales por corrimientos de tierra en la zona, que obliga a extremar las precauciones.
La última de ellas, que se formó durante la noche del sábado, ha comenzado a desaguar de forma natural y está ya «prácticamente vaciada», según el último balance del Ministerio chino de Gestión de Emergencias.
El Ministerio, citado por la agencia estatal Xinhua, señaló este domingo que las últimas observaciones sobre el terreno muestran que la nueva barrera permite ya el paso natural del agua y que el volumen retenido se ha reducido prácticamente por completo, mientras continúan las operaciones de rescate.
Esta es la segunda represa natural que obliga a extremar las precauciones desde la riada del miércoles, que golpeó una zona fronteriza entre el norte de Nepal y el suroeste del Tíbet (suroeste de China).
La primera se formó al quedar bloqueado un cauce por grandes cantidades de lodo, rocas, hielo y otros materiales arrastrados por la corriente y llegó a convertirse en uno de los principales riesgos secundarios del desastre.
Su desbordamiento obligó el viernes a suspender temporalmente parte de las búsquedas ante el temor a una descarga brusca, aunque posteriormente comenzó a desaguar de forma gradual y las autoridades chinas dieron por prácticamente evacuada el agua retenida.
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