«Podemos hacerlo. Y si tenemos éxito, otros seguirán. Si no lideramos, nadie más lo hará. Y si nadie actúa, un cambio climático desenfrenado afectará severamente a Europa y al resto del mundo», declaró en la presentación del informe el comisario europeo de Energía y Clima, Miguel Arias Cañete.
«Hay muchos desafíos en el camino. Pero con el cambio climático, hacer las cosas como siempre no es una opción y no podemos permitirnos el precio de la inacción», añadió Arias Cañete.
[box type=»shadow» ]El documento «Un planeta limpio para todos» apuesta por elevar la ambición en una transición que transformará «radicalmente nuestro sistema energético, sector agrícola, modernizará nuestro tejido industrial, nuestros sistemas de transporte y nuestras ciudades, afectando a las actividades de toda la sociedad».[/box]
Es la base para que el conjunto de la UE elabore un plan concreto que debería estar listo a «inicios de 2020», como marca el calendario del Acuerdo de París.
La UE, que cuenta con una población que supera los 500 millones de habitantes y para 2050 espera que aumente un 30 %, es responsable del 10 % de las emisiones globales de CO2.
Estrategia de la CE
Actualmente las instituciones comunitarias y los Estados miembros legislan para reducir sus gases contaminantes en un 45 % en 2030, pero el Ejecutivo comunitario quiere acelerar en el viaje desde un pasado de petróleo y carbón hasta un futuro de electricidad y gas.
Los beneficios de apostar por una economía neutra en carbono -capaz de absorber el CO2 que produce- redundarían en la salud de los ciudadanos y aliviarían sus costes sanitarios pues «cada euro invertido en renovables ahorra dos en salud», señala la CE.
La UE mejoraría su posición geopolítica y sus relaciones comerciales con el resto del mundo, según Bruselas, que calcula que se podría ahorrar hasta el 70 % de los 266.000 millones de euros que la Unión gasta cada año en importar combustibles fósiles, esencialmente petróleo y gas.
En materia de electricidad, Bruselas propone pasar a un sistema dominado por las renovables, aunque con espacio para la energía nuclear, que no genera CO2 pero sí residuos radiactivos.
En cuanto al transporte, responsable de cerca del 25 % de las emisiones de CO2 de la UE, el Ejecutivo comunitario imagina un futuro con coches eléctricos para el tráfico rodado, cada vez más autónomos, eficientes y conectados.
Bruselas describe también trenes más competitivos en el transporte de mercancías a media distancia y motores híbridos y biocombustibles abriéndose camino en la aviación y en el traslado de contenedores por mar o carretera.
Las ciudades, donde se acumula el 75 % de la población europea, deberían estar a la vanguardia y apostar por el transporte público sostenible, la movilidad alterna, el carril bici, los sistemas para compartir vehículos o el reparto de mercancía por drones.
La hoja de ruta también señala como puntal de la transición la eficiencia energética, dado que los edificios consumen actualmente el 40 % de la energía, y propone generalizar sistemas de calefacción y refrigerado sostenibles y los materiales más innovadores.
Bruselas propone aplicar impuestos ecológicos bajo la premisa de «el que contamina, paga» y llama a preservar la biomasa, de forma que las explotaciones agrícolas y bosques sirvan para alimentar a la población, para absorber CO2 y para producir energía (biogas).
La CE reconoce que en 2050 la economía seguirá dependiendo en parte del gas y que siempre habrá sectores que emitan CO2, como el agrícola o el industrial.
Además de mostrar confianza en que la investigación aporte nuevas soluciones, propone compensarlo empleando el hidrógeno o la biomasa como fuentes de energía en procesos productivos o a través de la captura y almacenamiento de CO2. EFEverde




