Así lo han advertido distintos especialistas consultados por Efe, que han valorado el ataque ruso sobre las inmediaciones de la central nuclear más importante de Ucrania como «un elemento más de presión» en el conflicto, pues al tomar Zaporiyia, el gobierno ucraniano se podría ver obligado a apagar el resto de centrales nucleares, que aportan el 50 % de su suministro eléctrico.
Según el experto en energía nuclear Marcel Cordech, esto supondría «un apagón total porque Ucrania ya se ha desenchufado de la red eléctrica rusa pero aún no ha conseguido conectarse a la europea», pues estos cambios requieren tiempo, por lo desde hace días el país funciona como un sistema independiente y está abandonado «a su suerte».
El riesgo de que se pueda desatar un accidente con escape de radiactividad es para Cordech una posibilidad, ya que «cuando una central nuclear pierde el fluido eléctrico externo se puede fusionar el núcleo» -como ocurrió en Fukushima (Japón) en 2011-, pero cree que esta secuencia es «improbable», pues incide en que tal accidente afectaría en buena medida a los países cercanos a Ucrania, entre ellos Rusia, y por ello «sería tirar piedras contra su propio tejado».
Además, precisa que los rusos «conocen perfectamente» el funcionamiento de las centrales nucleares ucranianas, que fueron diseñadas según el modelo soviético.
El consultor y también experto en energía nuclear Carlos Bravo sí considera «muy peligroso» el ataque sobre la central de Zaporiyia, que es, recuerda, «una instalación de muy alto riesgo».
Incluso aunque la Organización Internacional de Energía Atómica de la ONU haya descartado esta mañana una incidencia radiológica por los incendios, Bravo insiste en que atacar ya no el reactor, sino los equipos exteriores y la red eléctrica -impidiendo por tanto el suministro energético a la central- puede provocar «un accidente nuclear gravísimo», al anular la capacidad de refrigeración del combustible nuclear, «como sucedió en Fukushima», recuerda también.
Desde el movimiento ibérico antinuclear, que ha tachado el ataque ruso de «acto de guerra totalmente injustificable», han manifestado asimismo su preocupación porque vuelva a suceder algo parecido al accidente nuclear de Japón, que a diferencia del de Chernóbil (1986) fue provocado por un agente externo, el agua.
«En un emplazamiento con seis reactores grandes, se acumula una gran cantidad de combustible gastado a temperaturas de cientos de grados», han explicado en un comunicado, donde han advertido de que «si fallan los sistemas de circulación y enfriamiento de las piscinas, puede suceder que se evapore el agua, que no se bloqueen las emisiones radiactivas y que arda el material».
Dependencia energética
«La nucleares son un punto débil en la seguridad de un país en caso de guerra», han aseverado, y han agregado que «sean objetivo intencionado o no, es un peligro que la industria nuclear y sus apoyos políticos no quieren afrontar, pero resulta muy evidente que es parte del riesgo que implica esta energía».
Bravo también ha recalcado la necesidad de «acelerar la transición energética» hacia un modelo renovable y distribuido para, por un lado, combatir la dependencia energética del exterior -en este caso, de Rusia-, y, de paso, luchar contra la crisis climática; y, por otro, evitar este tipo de amenazas bélicas sobre el suministro energético de un país, que no estaría tan concentrado y en instalaciones de riesgo. EFEverde




