Madrid.- Las emisiones de luz artificial nocturnas han subido un 16 % en apenas nueve años, por encima del crecimiento de la población global, según un estudio publicado este miércoles en Nature.
El trabajo atribuye este aumento neto de la contaminación lumínica a un incremento del 34 % en algunas zonas que fue compensado por una reducción del 18 % en otras áreas que experimentaron oscurecimiento.
Medir la actividad humana a través de las emisiones de luz nocturna es una «poderosa herramienta» para evaluar los cambios en las infraestructuras humanas y las variaciones de algunas fuentes de energía, apuntan los autores del estudio.
Pero hasta ahora las observaciones se han basado en datos de satélites que registran tendencias a largo plazo y que no logran captar eventos localizados, como cortes de energía y construcciones, ni cambios graduales, como la urbanización y la transición hacia los LED.
La nueva investigación liderada por la Universidad de Connecticut (Estados Unidos), ha utilizado 1,16 millones de imágenes de satélite nocturnas para trazar una serie de mapas que ilustran la complejidad de los cambios en la contaminación lumínica nocturna global.
El trabajo, en el que han participado la NASA y el Centro Helmholtz de Geociencias GFZ de Alemania, entre otros, concluye que la huella lumínica de la humanidad no se puede abordar como una «entidad única» porque no crece «de forma uniforme o unidireccional», sino que es «sorprendentemente dinámica y volátil».
Los autores creen que los mapas de este estudio ayudan a comprender mejor cómo evoluciona el brillo en las ciudades, permiten estudiar cómo y dónde se realizan las transacciones energéticas (mejorar la tecnología y usar luces LED, por ejemplo), y evaluar el impacto de las políticas públicas y el de las consecuencias ecológicas de la contaminación lumínica.
Como ejemplo, el estudio apunta que la adopción de la tecnología LED (más eficiente y menos contaminante) ha ayudado a reducir la luminosidad de las áreas que la han implantado como Europa, donde estas luces han logrado notables reducciones de luminosidad (una media del 25 %) en España, Francia, el Reino Unido y Países Bajos, y en áreas de la Costa Este y el Medio Este de Estados Unidos.
Los detalles del estudio
Para hacer el trabajo, el equipo analizó la luz artificial nocturna del planeta utilizando 1,16 millones de imágenes satelitales diarias de todos los continentes habitados de la Tierra (entre las latitudes 70° N y 60° S) desde 2014 hasta 2022.
En este periodo, observaron que el área analizada de 3,51 millones de kilómetros cuadrados experimentó al menos un cambio en la luz artificial nocturna -tanto de aumentos de brillo como de oscurecimientos- y que cada ubicación sufría un promedio de 6,6 fluctuaciones distintas.
Además, detectaron que el 51 % del área estudiada experimentó ‘cambios graduales’ provocados por el desarrollo económico y el cambio a tecnologías de iluminación LED, y que cerca del 20 % sufrió ‘cambios abruptos’ motivados por eventos localizados y temporales de inestabilidad energética (por ejemplo, los apagones en Venezuela), por fluctuaciones en la producción de combustibles o por los conflictos sociales o armados, como en Oriento Medio.
Finalmente, un 35 % de la zona estudiada experimentó cambios de ambos tipos. Tan solo las regiones deshabitadas o con un desarrollo muy limitado, como las reservas naturales y los desiertos remotos, mantuvieron condiciones lumínicas estables.
Concienciación social
Para Alicia Pelegrina, investigadora en el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) y experta en contaminación lumínica, se trata de un estudio «sólido y de gran calidad» que consigue hacer un análisis con una resolución temporal muy superior a la de trabajos anteriores.
En declaraciones a EFE, Pelegrina valora que el estudio advierta de que el problema de la luz artificial no puede tratarse como una magnitud uniforme, «sino como un fenómeno altamente heterogéneo en el espacio y el tiempo» y destaca que este tipo de trabajos son muy valiosos para hacer un diagnóstico de la situación.
«Su potencialidad está en que puede ayudar a los responsables políticos a tomar decisiones mejor informadas y a evaluar si las medidas adoptadas funcionan», dice la investigadora del IAA.
Y es que, «la contaminación lumínica es un problema ambiental que a pesar de todos los trabajos de investigación diagnósticos y de impactos en biodiversidad o salud sigue sin ser percibido por la sociedad porque ¿quién va a creer que la luz artificial, tan útil en nuestra sociedad, es un agente contaminante?», comenta.
Sin embargo, a diferencia de otros problemas ambientales, existen herramientas para minimizar el problema de la contaminación lumínica «pero necesitamos que la concepción social del uso de la luz artificial cambie», concluye. EFEverde
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