Madrid.- Aunque apicultores e investigadores consultados por EFE descartan una desaparición inminente de la abeja doméstica, han aprovechado el Día Mundial de las Abejas que se conmemora este miércoles para alertar de que las condiciones ambientales y económicas que sostienen tanto su existencia como el desarrollo de la apicultura continúan deteriorándose.
Los principales factores que ponen en peligro a estos importantes polinizadores son el aumento de las temperaturas con las consiguientes alteraciones en los ciclos de floración, la creciente presión de las especies invasoras y la pérdida de hábitats por el desarrollo humano o el empleo excesivo de pesticidas.
«El cambio climático está entrando como una de las amenazas más fuertes», explica uno de los miembros de la Asociación Abejas Silvestres e investigador de la Estación Biológica de Doñana, Nacho Bartomeus, quien certifica que las altas temperaturas alteran sus ciclos biológicos y su actividad.
«La primavera histórica que teníamos entre marzo y mayo se está adelantando muchísimo», afirma Bartomeus, porque «muchas especies comienzan ahora su actividad entre febrero y marzo» para evitar las altas temperaturas.
Floraciones explosivas
A este impacto directo se suma otro indirecto, ya que las sequías y los cambios bruscos de precipitaciones afectan a la floración de las plantas que «es menor y dura menos» sobre todo en los años más secos.
El presidente de la Asociación de Apicultores de la Comunidad de Madrid, José Jiménez, advierte también de que el cambio climático está provocando «floraciones explosivas» que las abejas «no tienen tiempo de aprovechar».
Además, las oscilaciones bruscas de temperaturas «desestabilizan las colmenas y favorecen procesos de enjambrazón» en los que parte de las abejas abandona la colonia para formar otra nueva, debilitando así los colmenares, mientras que las lluvias y heladas frecuentes obligan a estos insectos a permanecer encerrados durante días sin poder alimentarse adecuadamente.
Plagas
Junto al clima, las fuentes consultadas coinciden en señalar a un ácaro, el ‘Varroa destructor’, como uno de los principales enemigos de la apicultura: un parásito de origen asiático hoy presente como especie invasora en buena parte del mundo y, en el caso de España, desde hace decenios.
Debilita a las abejas y extiende enfermedades como la del virus ARN «y lo peor es que no hay tratamientos totalmente eficaces», lamenta Jiménez, quien asegura que muchos apicultores no pueden sino convivir con él mientras intentan mantener bajas las tasas de infestación.
Otro problema son las avispas asiáticas que, como indica el presidente de la Fundación Amigos de las Abejas, Jesús Llorente, representan «un problema grave» para las colmenas porque suelen situarse a la entrada y las abejas se niegan a salir por miedo a ser depredadas, hasta el punto de que «llega un momento en que son cientos de avispas las que están merodeando» para atacar a alguna abeja.
En el norte peninsular, la presión de la avispa asiática es especialmente intensa y el presidente de la Asociación para la Defensa de las Abejas del Principado de Asturias, Félix Méjica, apunta también a los dramáticos efectos de los pesticidas así como a la creciente competencia entre colmenares en algunas zonas de alta producción.
«La apicultura es una ganadería y necesita un pasto», resume Méjica, que reclama una gestión más equilibrada del territorio y recuerda que España cuenta con más de 1.200 especies de abejas, muchas de ellas silvestres.
Polinizadores
Bartomeus también confirma la existencia de «una biodiversidad muy importante» de estos insectos en España y recalca su papel fundamental para la reproducción de numerosas plantas.
Su desaparición tendría consecuencias directas tanto sobre los ecosistemas como sobre la agricultura y, de hecho, en cultivos con poca diversidad de polinizadores «la producción puede bajar entre un 10 y un 40 %», añade.
La polinización constituye el principal servicio ambiental de las abejas: sin ella, afirma Jiménez, «desaparecería el 80 % de los lineales de los supermercados», pues de esta labor dependen no solo frutas y verduras, sino muchos cultivos destinados a alimentar el ganado. EFE Verde
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![Entrada de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (SGSV), en una imagen tomada el 29 de febrero de 2016. EFE/Heiko Junge PROHIBIDO SU USO EN NORUEGA [PROHIBIDO SU USO EN NORUEGA]](https://efeverde.com/wp-content/uploads/2026/05/cfd96e4ced413e9b9af7967b7037639f23012428w-300x200.jpg)



