Así lo ha confirmado hoy un comunicado del MNCN, que detalla cómo han trabajado estos especialistas analizando los efectos del cambio climático y el cambio en los usos del suelo en la estructura ambiental del Parque Nacional de Guadarrama.
[box type=»shadow» align=»aligncenter» ]La nueva metodología se puede aplicar «en cualquier área protegida» ya que permite examinar en cada caso si ese espacio mantendrá o no en el futuro la capacidad de representar las condiciones ambientales por las que se estableció precisamente como área destinada a la conservación.[/box]
Las áreas protegidas «son zonas delimitadas en un espacio estático» pero, como señala el investigador del MNCN Mario Mingarro, fenómenos como el cambio climático y los cambios del uso del suelo poseen un «dinamismo» que pueden hacerlas llegar a perder «las características que motivaron su protección”.
Aún más, las mismas condiciones que afectan a dichos espacios pueden aparecer en el futuro «en otros lugares, más o menos alejados de la zona que en principio se protegió”.
El trabajo en Guadarrama ha estimado la representatividad climática actual y futura en una de las áreas protegidas «más importantes y recientes de la península ibérica» con afán de garantizar su futuro a este tipo de territorios que constituyen reservas capaces de «mitigar algunas de las amenazas antrópicas», al mismo tiempo que mantienen la funcionalidad de los ecosistemas y reducen la pérdida de biodiversidad.
Mingarro las ha definido como «herramientas indispensables en la conservación» a pesar de que su integridad «está cada vez más amenazada» por lo que es necesario «una red de espacios conectados entre sí». EFE




