La presencia de este alga de color rojizo y tamaño grande, que juega un papel esencial en el funcionamiento del ecosistema costero, puesto que actúa como refugio de muchos animales y diferentes algas, se ha reducido a la mitad, y en los casos más extremos ha pasado de un 80 % a un 5%.
Gorostiaga ha explicado que se está sufriendo «una importante pérdida de productividad que, además de afectar a la biodiversidad marina, tiene consecuencias negativas en el ámbito visual, paisajístico e incluso cultural».
El estudio también revela que el cambio de las condiciones ambientales está propiciando la aparición de nuevas especies, como el género Corallina, más pequeñas y duras, típicas de ambientes bien iluminados y adaptadas a vivir en aguas más cálidas.
Gorostiaga ha aclarado que «que haya más especies no tiene por qué ser positivo, puesto que las nuevas especies que han entrado a nuestro litoral aportan poca biomasa y son de morfología muy simple».
El grupo de investigación que ha elaborado este estudio ha publicado también un vídeo de siete minutos en el que se muestran las recientes alteraciones climáticas del ecosistema de la costa vasca.
El descenso se ha producido por la subida de temperatura del agua, el aumento de la radiación solar, la disminución de nutrientes y los grandes temporales. EFEVerde




