Aníbal de la Beldad
Cabañeros (Ciudad Real).- La llegada de las primeras lluvias del otoño y el descenso de las temperaturas ponen voz estos días al monte mediterráneo, que se transforma en un enorme escenario sonoro en el que los ciervos compiten por las hembras y el Parque Nacional de Cabañeros se convierte en uno de los mejores escenarios de España para disfrutar de este espectáculo natural.
Durante semanas, Cabañeros se convierte en destino para numerosos amantes de la naturaleza que se acercan hasta este espacio protegido para escuchar y disfrutar de la elegante presencia de los grandes machos de ciervos que se observan bramando por la raña y las sierras coincidiendo con el periodo de celo de la especie.
La berrea se ha consolidado como uno de los grandes atractivos naturales del parque durante en el otoño, cuando sus más de 42.000 hectáreas y, especialmente, las alrededor de 8.000 hectáreas de raña, ofrecen un escenario privilegiado para observar y, sobre todo, escuchar a estos grandes ungulados.
En el paisaje de pastizales salpicados de encinas y quejigos, que ha llevado a Cabañeros a ser conocido como el ‘Serengueti español’, se concentran estos días cientos de ejemplares ciervos que mantienen una intensa actividad, basada principalmente en la protección de sus harenes de hembras.
Los bramidos forman parte esencial del ritual de cortejo y acompañan al macho durante el periodo de celo, cuando concentra sus esfuerzos en mantener agrupadas a las hembras y reproducirse con ellas.
Un lenguaje entre ciervos
Pero la berrea es mucho más que una sucesión de sonidos que rompe el silencio del monte. Es también una forma de comunicación mediante la que los ciervos intercambian información sobre su tamaño, su fortaleza y su capacidad para mantener durante horas la actividad reproductiva, como ha explicado a EFE este domingo la directora del Parque Nacional de Cabañeros, Carolina Sánchez-Molero.
“Lejos de ser un simple espectáculo sonoro o un despliegue de fuerza bruta, la berrea es el lenguaje con el que los ciervos gestionan su reproducción”, ha señalado.
Sánchez-Molero ha detallado cómo el ciervo al bajar la laringe alarga su tracto vocal, modificando las frecuencias de resonancia que le permiten generar los sonidos graves y profundos que caracterizan la berrea.
Se trata, ha dicho, de un mecanismo que guarda similitud con el que emplean tenores y barítonos para alcanzar notas graves, profundas y proyectadas.
El tono de los bramidos contiene además información sobre el tamaño del animal.
Cuanto más largo es el tracto vocal y mayor es el cuerpo del ejemplar, más graves son sus resonancias.
De esta manera, ha indicado, un macho dominante puede transmitir a otros ciervos, especialmente a los ejemplares más jóvenes, información sobre su envergadura y advertir de su presencia sin necesidad de llegar al enfrentamiento físico.
No solo el tono aporta información, ha añadido, también lo hace la cadencia de los bramidos y la capacidad del animal para mantenerlos durante horas, ya que esta actividad permite medir su resistencia física y su capacidad aeróbica.
Un ciervo cansado o con menor capacidad para mantener el esfuerzo reducirá la intensidad de sus llamadas, una señal que otros competidores pueden interpretar como una muestra de debilidad.
Sonidos que cambian con el paisaje
Sánchez-Molero ha comentado que el paisaje de Cabañeros también condiciona la forma en que se propaga este particular lenguaje.
«El sonido no recorre de la misma manera todos los rincones del parque, cuya geografía y vegetación actúan como auténticos elementos acústicos que modifican la transmisión de las llamadas».
«En la raña, la gran llanura funciona como una superficie abierta en la que el sonido puede viajar durante kilómetros, aunque condicionado por el viento y por las corrientes térmicas ascendentes que se producen al atardecer. En este espacio, los ciervos emiten bramidos prolongados y proyectados horizontalmente para cubrir grandes distancias», ha indicado.
En las sierras, por el contrario, ha advertido, «las laderas cubiertas de alcornoques y los cauces encajonados de ríos como el Estena o el Bullaque actúan como cajas de resonancia naturales. Los sonidos rebotan en las paredes rocosas y generan un eco expansivo que amplifica la presencia del macho y hace que pueda parecer todavía más imponente». EFE
abc/pac

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