La actividad turística, con sus instalaciones, produce una serie de efectos en el territorio sobre el que se asienta, pues “ocupa espacios naturales de gran valor ecológico”, según afirma Susana Magro, directora general de la Oficina Española de Cambio Climático (OECC). Pero también el sector turístico se ve afectado por los efectos del cambio climático.
En España, por ejemplo, siempre hemos contado con la presencia del sol de forma periódica, lo cual permitía hacer previsiones sobre la demanda, sin embargo, el pasado agosto fue el más lluvioso de los últimos años. Otro ejemplo de inestabilidad es la escasez de nieve, que obliga a las estaciones de esquí a utilizar cañones de nieve artificial si quieren mantenerse abiertas toda la temporada.
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