Por Karina Godoy
Madrid, (EFEverde).“¿Sabías que podemos aprovechar el agua que cae del cielo cuando llueve? Así es, usamos tubos de tanques especiales para recoger, tratar el agua y guardarla para cuando la necesitemos”, explica en un dinámico vídeo Ángel Pérez, un niño de 12 años residente de Lago Agrio, cerca de la Amazonía en Ecuador, país donde solo el 31 % de las escuelas públicas tienen acceso a un servicio adecuado de agua, saneamiento e higiene, según Unicef.
La escuela a la que asiste Ángel es una de los nueve entes educativos en Ecuador que participan en el programa «Escuelas Resilientes» de Unicef. Este modelo incluye la implementación de sistemas de recolección de agua de lluvia, paneles solares, suministro de productos de higiene y gestión de residuos sólidos mediante prácticas de economía circular, adaptándose a las necesidades específicas de cada contexto.
“No podemos hablar de educación de calidad si no hablamos de agua y servicios de saneamiento”, resalta Geovanna Reinoso, Oficial de Agua, Saneamiento, Higuiene y Cambio Climático de Unicef.
Escuelas Resilientes, explica, busca básicamente espacios que sean seguros, sostenibles y que se puedan adaptar a las condiciones del cambio climático.
El programa nació en el año 2023 y se implementa, en coordinación con el Ministerio de Educación, en escuelas ubicadas en su gran mayoría en la Amazonía ecuatoriana. La idea es cerrar el año llegando a 15 instituciones educativas con el programa.
Adaptación al cambio climático
Los paneles solares que se instalan en las escuelas, comenta Reinoso, garantizan que las instituciones educativas continúen funcionando durante cortes de energía. El uso de energía solar permite, además, reducir los costos operativos de las escuelas y contribuir a la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero.
“Ecuador es un país altamente vulnerable a los impactos del cambio climático. El 80 % de su producción de energía eléctrica depende de hidroeléctricas y, ante fenómenos de sequías, por ejemplo, es uno de los sectores que más se afecta y, por ende, la educación también se ve afectada”, comenta Reinoso.
Ante la falta de contenidos educativos vinculados al cambio climático, que puedan contemplar las necesidades y herramientas para afrontar el fenómeno, indicó que Unicef, en alianza con el Ministerio de Ambiente y Energía, lanzó la Estrategia Nacional de Acción para el Empoderamiento Climático (ENACE) 2026-2035.
Este instrumento de política pública sobre cambio climático, que también involucra al Ministerio de Educación, afirma que busca fortalecer la educación formal y no formal de niños, niñas y adolescentes, así como la formación del personal docente.

Acceso a agua
La irregularidad en el servicio de suministro de agua, para el consumo y el adecuado aseo, era uno de los principales problemas que incluso interrumpía la actividad escolar, recordó Ketty Gavilanes, directora de la Escuela de Educación Básica Jorge González Granda, ubicada en la provincia de Sucumbíos, en la Amazonía ecuatoriana.
La dotación de infraestructura del programa fue clave en ese sentido y menciona la provisión de cisterna, tanques elevados, bombas de agua y un dispensador de agua purificada, lo que también ahorra a los padres la compra de botellones de agua.
Acompañamiento y fortalecimiento de capacidades
Además de la infraestructura, también se trabaja con docentes, padres y los estudiantes en prácticas para usar los recursos eficientemente, ahorrar agua, energía y fomentar el reciclaje, detalló Reinoso.
“Promovemos mucho el tema de higiene; de manos y también menstrual sostenible porque Ecuador aún hay mucha brecha en el acceso a insumo. Por ello, se entrega insumos de higiene menstrual sostenible, como copas menstruales y toallas reutilizables, para que las adolescentes puedan conocer alternativas ecológicamente amigables”, declaró
El programa también incluye compostaje y huertos escolares, donde los niños participan en el cultivo de alimentos locales. Incluso se han recopilado prácticas ancestrales de poblaciones indígenas para fortalecer los cultivos y preservar conocimientos locales.

Gavilanes ha valorado el programa que ha permitido cambios de hábitos, además de un mayor involucramiento de los padres de familia.
Reinoso a su turno indica que la expectativa es que este tipo de experiencias puedan servir de inspiración también para otros países de la región, y que los servicios resilientes sean cada vez más ambiciosos.
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