En su informe ‘Proteger el medio rural es protegernos del fuego. Hacia paisajes y población resilientes frente a la crisis climática’, Greenpeace analiza las consecuencias del deterioro del campo y aboga por fortalecer el mundo rural como elemento clave para hacer frente a los impactos de la crisis climática.
España rural
El informe es el punto de partida de una estrategia que la organización ecologista pondrá en marcha para trazar una hoja de ruta que logre una España rural viva y capaz de hacer frente a los enormes desafíos medioambientales actuales.
Según Greenpeace, desde 1962 hasta 2019 se han abandonado casi cuatro millones de hectáreas de tierras de cultivo en España, lo que se ha traducido en un aumento de superficie forestal.
“España es el segundo país con más superficie forestal de la Unión Europea y, sin embargo, hay dos terceras partes en riesgo de desertificación», explica Mónica Parrilla, responsable de Incendios en Greenpeace España.
En su opinión, «el abandono de tierras de cultivo y la falta de gestión de masas forestales ha derivado en un paisaje altamente inflamable y si ese paisaje no lo gestionamos, lo hará el fuego de manera devastadora”.
Por ello, «para conseguir un paisaje resiliente ante grandes incendios forestales, se necesita dinamizar el medio rural, de manera que fije las personas en el territorio, componer un paisaje en mosaico agroforestal, vivo, con actividades vinculadas a un sector primario altamente arraigado al territorio».
Según Mónica Parrilla, el mundo rural «representa una oportunidad ante la emergencia climática y debemos alejarnos de la visión urbano-céntrica que entiende lo rural como algo ajeno y lejano».
«Consumir productos sostenibles implica RE-conectar con nuestros pueblos, asegurar la gestión de nuestros bosques y reducir la vulnerabilidad ante los incendios forestales”, concluye. EFEverde
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