Vista de una plantación para un proyecto de ganadería regenerativa en Segovia EFE/ JJ Guillén
CRISIS CLIMÁTICA

La agricultura regenerativa reduciría a la mitad la escorrentía, según un estudio basado en Valencia

Apostar por un sistema basado en agricultura regenerativa permitiría reducir a la mitad la escorrentía, el agua de lluvia que circula sobre la superficie de un terreno cuando el suelo no puede absorberla ni infiltrarla y que causa estragos en casos como el de la dana de Valencia, donde las inundaciones por lluvias torrenciales dejaron más de 230 muertos y miles de millones de pérdidas.

La Alianza Europea para la Agricultura Regenerativa (EARA, por sus siglas en inglés) ha efectuado un estudio de caso sobre el potencial de impacto la agricultura regenerativa en la cuenca hidrográfica de Valencia y el riesgo sistémico que surge por un paisaje dominado por suelos degradados .

Tomando como contexto la catástrofe de las inundaciones de Valencia de 2024, el informe analiza la contribución potencial de la agricultura regenerativa a la mitigación de inundaciones en 316.000 hectáreas de tierras agrícolas.

Una infraestructura crítica de riesgo climático

Según el estudio, bajo gestión convencional, el 86 % de la precipitación se convierte en escorrentía superficial durante un episodio de lluvias torrenciales, mientras que una transición hacia la agriclutura regenerativa permitiría reducir ese porcentaje al 58 % en sólo uno o dos años y al 46 % a partir del cuarto año, cuando el suelo retendría 212.000 millones de litros más que con sistemas convencionales a escala valenciana.

Ese agua, en lugar de causar daños, permanecería almacenada en el suelo, promovería la vida en él y reduciría las necesidades de aportaciones adicionales de agua. Además, se reducirían casi por completo los deslizamientos de tierra y la erosión del suelo superficial causada por las inundaciones en los campos agrícolas.

Según la misma fuente, la transición completa de tierras agrícolas en riesgo llevaría unos 5 años y costaría solo el equivalente al 5 % de las pérdidas totales por inundaciones y eliminaría el 80 % de las pérdidas agrícolas, lo que, a su juicio, sitúa a las tierras agrícolas como una infraestructura crítica en la gestión del riesgo climático.

Es es así porque los sistemas regenerativos aumentan la infiltración de agua, reducen la escorrentía y estabilizan los suelos, funcionando como sistemas descentralizados de retención de agua y mitigación de inundaciones, han explicado desde EARA, que defiende que, a diferencia de la infraestructura gris, estos sistemas mejoran con el tiempo y operan a un coste significativamente menor.

No hemos aprendido la lección de la dana

El objetivo era analizar qué habría ocurrido en Valencia si hubiera habido agricultura regenerativa en lugar de convencional y exponer los riesgos que se pueden evitar si se hace una transición, máxime ante un calentamiento global «que sólo acaba de empezar», ha apuntado la cofundadora de EARA y agricultora Meghan Stapp.

Lamentablemente, esa transición no se está dando. Parece que «no hemos aprendido de esta señal de la naturaleza que nos dice que tenemos que cambiar nuestra forma de manejar el suelo», ha añadido Stapp.

Así, tras lo sucedido en Valencia, se van a invertir 500 millones de euros en infraestructura para desviar «el agua que llegará con futuras danas evitar» y cero euros en infrestructuras verdes para hacer del suelo «una esponja».

La sociedad no puede afrontar pérdidas como las de Valencia cada pocos años (unos 20.000 millones de euros), según Stapp, que ha asegurado que apostar por la agricultura regenerativa para gestionar riesgos beneficiaría también a bancos y aseguradoras y «ahorraría» muchos fondos públicos ahora destinados a cubrir daños y a gestión del agua.

La agricultura regenerativa, además de incorporar los principios de la agricultura ecológica (no dañar), busca potenciar la recuperación de los suelos degradados aumentado exponencialmente su contenido de materia orgánica, así como su capacidad de retener y aprovechar el agua, y la diversidad de plantas, insectos y microorganismos que forman parte de su red trófica. EFE Verde

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Ana Tuñas Matilla

Somos Naturaleza, ese es mi lema. Mi objetivo, que no se nos olvide. Somos parte del ecosistema en el que vivimos, no sus dueños. Cuidarlo es cuidar de nosotros mismos. Es nuestra responsabilidad. Mis orígenes están en una aldea de Ourense. Mi contacto con lo rural, unido a mi experiencia en la cobertura de temas de economía o salud, me han permitido enteder que todo está conectado.