París, 22 sep (EFEVERDE).- La Agencia Internacional de la Energía (AIE) calcula que si todos los proyectos anunciados sobre hidrógeno bajo en carbono se materializan la producción en 2030 podría llegar a 38 millones de toneladas, un 50 % más que la cifra que dio hace un año con los planes que había entonces.
En su informe anual sobre el sector del hidrógeno publicado este viernes, la AIE modera sin embargo el optimismo que podría dar a entender esa nueva evaluación porque solo se han tomado decisiones finales de inversión para garantizar un 4 % de esa cantidad.
En 2022, el hidrógeno de bajas emisiones representó menos de 1 millón de toneladas, una cantidad equivalente a la de 2021, y representó únicamente el 0,7 % del consumo de este vector energético, que creció un 3 % hasta 95 millones de toneladas, y que estuvo concentrado en los usos considerados tradicionales de la industria y el refino.
Eso quiere decir que la práctica totalidad del hidrógeno se fabricó con combustibles fósiles (carbón, gas y petróleo) y fue responsable de la emisión de más de 900 millones de toneladas de dióxido de carbono (CO2), el principal gas de efecto invernadero.
La utilización del hidrógeno verde, básicamente como energía alternativa de esos combustibles fósiles en la industria pesada, en el transporte (directamente como carburante para camiones, coches o trenes o para la fabricación de combustibles sintéticos de bajas emisiones) o en la electricidad siguió siendo completamente marginal, un 0,1 % del total.
Hidrógeno de bajas emisiones con combustibles fósiles
Por si fuera poco, la inmensa mayoría del que se cataloga como hidrógeno de bajas emisiones fue generado en plantas de tecnologías CCUS, que utilizan combustibles fósiles y que después capturan, almacenan y eventualmente reutilizan las emisiones de CO₂.
Su fabricación a través de la electrólisis, es decir utilizando energías renovables (como la eólica o la fotovoltaica) o nuclear, supuso apenas una décima parte de ese hidrógeno de bajas emisiones, menos de 100.000 toneladas. El único consuelo es que su crecimiento anual en 2022 fue del 35 %.
En las proyecciones de la AIE para 2030 teniendo en cuenta los proyectos conocidos, del total de 38 millones de toneladas, alrededor de 27 millones corresponderían a la electrólisis con electricidad renovable o nuclear y otros 10 millones con combustibles fósiles y tecnología CCUS.
China es el país que está marcando en este momento el despegue (todavía tímido en volúmenes) de la electrólisis, ya que si en 2020 representaba menos del 10 % mundial, su cuota pasó al 30 % en 2022 y cuando acabe este año subirá al 50 %, con una capacidad de 1,2 gigavatios instalados.
Además, el gigante asiático concentra el 40 % de los proyectos para los que hay una decisión final de inversión y la mitad de las capacidades de fabricación de electrolizadores, que totalizan 14 gigavatios anuales que, según los planes de los propios fabricantes, pasarán a ser de 155 gigavatios anuales para 2030.
Desfase entre los planes de producción y demanda
La AIE señala que mientras los planes actuales de los gobiernos para la producción de hidrógeno de bajas emisiones permitirían elevar la producción a entre 27 y 35 millones de toneladas, al mismo tiempo los objetivos para generar demanda para ese hidrógeno son mucho más modestos, de 14 millones.
Más allá de ese desfase, que plantea dudas sobre la viabilidad real de muchos proyectos, los autores del informe subrayan que incluso si se alcanzaran esos objetivos, solo representarían una quinta parte de la cantidad de hidrógeno de bajas emisiones que sería necesario en el horizonte de 2030 para el escenario que la propia agencia ha marcado para la neutralidad de carbono en 2050.
Multiplicar por más de 100 la producción
En definitiva, para ponerse en el camino de las cero emisiones netas de carbono para mediados de siglo, habría que multiplicar por más de 100 su actual producción de aquí a comienzos de la próxima década.
En términos de valor económico, con las políticas y los proyectos actuales, el hidrógeno de bajas emisiones pasaría de los 1.200 millones de dólares que representa actualmente a 12.000 millones en 2030, una cantidad equivalente a la inversión en energía eólica marina en Europa.
Si se elevara la ambición hasta situarse en el escenario de cero emisiones netas, la cifra en 2030 ascendería a 112.000 millones de dólares, el valor de las instalaciones fotovoltaicas en la región Asia-Pacífico en 2022. EFEverde
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