Romántico, siempre espera a la noche para hacer el amor, este molusco gasterópodo practica el sexo de una forma un tanto original, ya que lanza una especie de dardo, el «dardo del amor», de naturaleza calcárea y parecido a la punta de una flecha, para, al parecer, estimular sexualmente a su pareja.
La acción es infalible, porque inmediatamente después se produce la cópula durante al menos ¡unas cuantas horas!
El resultado del enlace será la puesta de huevos, y después los bebés de caracol emergerán como si fueran auténticas gotas de agua, para transformar su fisionomía en apenas unas horas, y entonces sí, parecerse a sus papás-mamás.