Microplásticos hasta en el fin del mundo

Madrid.- La contaminación marina por microplásticos se ha convertido en una de las principales amenazas para los ecosistemas oceánicos y costeros del planeta, incluso en los lugares más remotos:  un estudio publicado esta semana ha detectado estas partículas en los peces de las remotas islas del Pacífico, con una incidencia del 75 % en los ejemplares analizados en Fiyi.

Estas diminutas partículas, de menos de cinco milímetros, provienen de la degradación de plásticos mayores o de productos industriales como textiles sintéticos, neumáticos y cosméticos. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, los microplásticos representan hasta el 30 % de las “sopas” de basura que flotan en los océanos, y entre el 15 y el 31 % de los 9,5 millones de toneladas de plástico que se arrojan cada año al mar.

Estudios recientes confirman su presencia en todos los mares y ecosistemas marinos. En Europa, se han detectado 139 partículas microplásticas por metro cúbico de agua, con el mar Báltico como el más contaminado, y concentraciones de hasta 424 partículas por metro cúbico frente a las costas españolas. En el Mediterráneo, los expertos advierten que el mar se está convirtiendo en una “sopa de microplásticos”, con graves consecuencias para la fauna marina y la salud humana.

Las islas del Pacífico

La investigación, publicada esta semana en la revista Plos y encabezada por la Universidad del Pacífico Sur (Fiyi) ,  se centra en los países y territorios insulares del Pacífico —Fiyi, Tonga, Tuvalu y Vanuatu—, donde la rápida urbanización y los limitados sistemas de gestión de residuos agravan el problema. Se analizaron 878 peces costeros de 138 especies capturados por comunidades pesqueras locales, revelando que un tercio de los ejemplares contenía al menos una partícula de microplástico.

Los niveles más altos se registraron en Fiyi, donde casi tres cuartas partes de los peces estaban contaminados, una cifra muy superior a la media mundial del 49 %. Aunque la cantidad de partículas por pez era baja, la frecuencia de aparición evidencia una contaminación generalizada. En contraste, solo el 5 % de los peces de Vanuatu mostraron presencia de microplásticos.

El estudio identificó que los peces de arrecife y los que se alimentan en el fondo marino son los más afectados, especialmente aquellos que consumen invertebrados o utilizan tácticas de emboscada para capturar presas. Estas especies, clave para la subsistencia de las comunidades pesqueras, actúan como depósitos de contaminación sintética.

Los investigadores advierten que el predominio de fibras en las muestras refleja una infiltración profunda de contaminantes derivados de textiles y aparejos de pesca en la dieta de las poblaciones humanas. “Nuestros resultados rompen la ilusión de que la lejanía ofrece protección”, señaló Rufino Varea, de la Universidad del Pacífico Sur, quien subraya la urgencia de un Tratado Mundial sobre los Plásticos que imponga límites estrictos a la producción y a los aditivos tóxicos.

Los ríos que llevan al mar

Las investigaciones del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental de la Universidad Autónoma de Barcelona revelan que los ríos son una de las principales fuentes de contaminación, como demuestra el caso del Ebro, que vierte cada año 2.200 millones de microplásticos al Mediterráneo. En las desembocaduras y estuarios, el 85 % de los mejillones y el 53 % de las ostras analizadas contenían microplásticos, mientras que en peces marinos la contaminación alcanzaba hasta el 86 % en especies como la merluza o la langosta noruega.

El problema se extiende también a zonas protegidas. En Brasil, incluso áreas marinas de protección integral presentan contaminación por microplásticos, y en las Islas Columbretes (España) se han hallado más de 6.000 partículas por kilo de sedimento en ecosistemas coralinos. En el fondo oceánico global, se estima que se acumulan unas 14 millones de toneladas de estas partículas, 25 veces más de lo que se creía.

Múltiples efectos

Los efectos son múltiples: los microplásticos pueden absorber hasta 81 contaminantes químicos, transportar patógenos y entrar en la cadena alimentaria. En Canarias, por ejemplo, se han encontrado microplásticos con pesticidas y retardantes del fuego, y en el Pacífico, un estudio reciente detectó su presencia en el 75 % de los peces analizados en Fiyi. Además, investigaciones del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados destacan que ecosistemas como praderas marinas y manglares actúan como filtros naturales, aunque también acumulan grandes cantidades de estas partículas.

Ante esta situación, se han impulsado medidas de respuesta. En 2024, Asturias activó su plan de contingencias por contaminación marina tras la llegada de microplásticos a sus playas, y la Unión Europea aprobó en 2025 normas más estrictas para evitar pérdidas de pellets plásticos durante su transporte. Paralelamente, se desarrollan soluciones innovadoras, como el uso de bacterias biodegradadoras de microplásticos y nuevos materiales plásticos que se descomponen en el agua del mar.

La magnitud del problema es global: incluso el zooplancton, base de la cadena alimentaria marina, actúa como vector de microplásticos, transportándolos a lo largo de la columna de agua y hacia los sedimentos. Los científicos advierten que la contaminación marina por microplásticos es persistente, prácticamente imposible de eliminar y con efectos potencialmente devastadores sobre la biodiversidad y la salud humana.

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Director de EFEVerde.