La figura muestra la ola de calor más intensa registrada hasta la fecha en el Océano Ártico en 2020, que duró 103 días. La intensidad térmica acumulada suma las anomalías diarias de la temperatura del agua registradas durante la duración de la ola de calor en grados centígrados. Fotografía facilitada por UHH/CLICCS/A. Barkhordarian. EFE
La figura muestra la ola de calor más intensa registrada hasta la fecha en el Océano Ártico en 2020, que duró 103 días. La intensidad térmica acumulada suma las anomalías diarias de la temperatura del agua registradas durante la duración de la ola de calor en grados centígrados. Fotografía facilitada por UHH/CLICCS/A. Barkhordarian. EFE
CRISIS CLIMÁTICA

Las olas de calor en el Océano Ártico se convertirán en un fenómeno habitual

Madrid.- Las olas de calor marinas en el Océano Ártico provocadas por el aumento de los gases de efecto invernadero serán la norma en un futuro próximo, según un estudio liderado por Armineh Barkhordarian, del Cluster of Excellence for climate research CLICCS de la Universidad de Hamburgo (Alemania).

Desde 2007, las condiciones en el Ártico han cambiado, apunta el estudio publicado en la revista Nature Communications Earth & Environment.

Entre 2007 y 2021, las zonas marginales del Océano Ártico registraron once olas de calor marinas, que produjeron un aumento medio de la temperatura de 2,2 ºC y que duraron una media de 37 días.

Además, desde 2015, ha habido olas de calor marinas en el Ártico todos los años.

La más potente hasta ahora se produjo en 2020 y duró 103 días, con una intensidad máxima de las temperaturas que superó en cuatro grados la media a largo plazo.

Pero la probabilidad de que se produzca una ola de calor de este tipo sin la influencia de los gases de efecto invernadero antropogénicos es inferior al uno por ciento, según cálculos del equipo de Barkhordarian.

Las olas marinas anuales serán la norma

El estudio pronostica que las olas de calor marinas anuales serán la norma.

La investigación demuestra por primera vez que las olas de calor se producen cuando el hielo marino se derrite temprana y rápidamente tras el invierno, así que, para cuando se alcanza el máximo de radiación solar en julio, el agua ya ha acumulado una importante energía calorífica.

«En 2007 comenzó una nueva fase en el Ártico», sostiene Barkhordarian, experto en estadísticas climáticas.

«Cada vez hay menos hielo grueso, de varios años, mientras que el porcentaje de hielo fino, estacional, aumenta constantemente», y ese hielo -advierte- es menos duradero y se derrite más rápidamente, permitiendo que la radiación solar entrante caliente la superficie del agua.

Oficialmente, se considera que hay una ola de calor marina cuando las temperaturas en la superficie del agua son superiores al 95 % de los valores de los últimos 30 años durante al menos cinco días consecutivos.

«No sólo la pérdida constante de hielo marino, sino también unas aguas más cálidas pueden tener efectos negativos dramáticos en el ecosistema ártico», ya que las cadenas alimentarias podrían colapsarse, las poblaciones de peces reducirse y la biodiversidad en general disminuir, detalla el investigador.

Las plantas empiezan a sustituir al hielo en Groenlandia

Desde 1970 el aire de Groenlandia se ha calentado el doble de la media mundial. Eso ha hecho que el hielo se empiece a derretir y a ser sustituido por plantas y, lo que es peor, que el proceso de calentamiento -y sus consecuencias- se aceleren rápidamente.

De hecho, según un estudio publicado en Scientific Reports, lo más probable es que en el futuro se registren temperaturas aún más extremas.

La investigación, realizada por científicos de la Universidad de Leeds, ha analizado los cambios en Groenlandia desde 1980 a 2010 y ha constatado que el calentamiento del aire está provocando el retroceso del hielo que, a su vez, repercute en la temperatura de la superficie terrestre, en las emisiones de gases de efecto invernadero y el paisaje.

Groenlandia, parte de la región ártica, es la isla más grande del mundo, con una superficie aproximada de 2,1 millones de km2, que en su mayor parte está cubierta de hielo y glaciares, y en la que viven 57.000 personas.

Según el estudio, basado en datos de satélite, entre 1980 y 2010, la región ha perdido 28.707 kilómetros cuadrados de hielo de sus glaciares (equivalente al tamaño de Albania), y cerca del 1,6% de la cubierta total de hielo.

El mayor problema es que el permafrost -una capa permanentemente congelada bajo la superficie terrestre- se está «degradando» por el calentamiento y, en algunas zonas, podría incluso afectar a las infraestructuras, edificios y las comunidades que existen sobre él, avisan los autores.

Pero además, la pérdida de hielo en estas décadas se ha concentrado en los bordes de los glaciares actuales, pero también en el norte y suroeste de Groenlandia, así como en algunas zonas del oeste, centro-noroeste y sureste.

En total, en esas tres décadas, la superficie de terreno con vegetación ha aumentado en 87.475 km2, más del doble durante el periodo estudiado. EFEverde

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Redacción EFEverde

Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE.