La cifra de especies de peces no nativas presentes en aguas continentales de países mediterráneos asciende a, al menos, 151, según un estudio internacional que advierte de que 106 de ellas están «claramente establecidas» y que los países más afectados son Italia, España, Francia, Bosnia y Herzegovina y Croacia.
Por el contrario, Libia y Malta registran el menor número de especies de peces no nativas, según el estudio científico, liderado por investigadores de España, Portugal y Croacia y centrado en sistemas de agua dulce y zonas de transición o próximas a desembocaduras (ríos, lagos, humedales, estuarios, lagunas costeras, etc).
La investigación abarca todos los países que vierten al Mediterráneo o con clima mediterráneo, como, por ejemplo, Portugal o determinadas zonas de Marruecos, ha explicado a EFE Verde Francisco Oliva, profesor de la universidad de Murcia y uno de los coordinadores del proyecto LIFE Invasqua, referente en la lucha contra especies invasoras exóticas de agua dulce.
Top3: Gambusia, carpa común y percasol
De las 151 especies identificadas, 106 se consideran plenamente establecidas, lo que significa que han logrado reproducirse en el medio silvestre y son «autosuficientes», mientras que en el caso de las 45 restantes sólo se ha constatado su presencia, ha apuntado el coautor del trabajo, publicado en la revista Hydrobiologia.
Una vez que las especies se establecen, su erradicación es extremadamente difícil y costosa, por lo que la clave está en prevenir nuevas introducciones.
Las especies más establecidas son la gambusia (Gambusia holbrooki), establecida en 21 países, la carpa común (Cyprinus carpio), que está en 20, y el percasol (Lepomis gibbosus), establecido en 16 naciones.
La mayoría de las especies de peces no nativas establecidas en los ecosistemas de aguas continentales de la región circunmediterránea son originarias de Europa (58), Asia (39) y América del Norte (24). Por detrás, África (11), América del Sur (3) y la región del Pacífico (2).
En países como Italia, España, Francia y Portugal, la mayoría de las especies de peces no nativas proceden de la propia Europa.
Así, por ejemplo, el barbo de Graells (Luciobarbus graellsii), nativo de España, está bien establecida en Italia, mientras que el alburno (Alburnus alburnus), nativo de Europa Central y Oriental, ha sido introducido en España, Portugal, Marruecos y Argelia.
Por su parte, los países balcánicos y Turquía presentan una proporción significativa de especies introducidas desde Europa, pero también desde países asiáticos; mientras que en Israel, Siria, Jordania y Libia proceden predominantemente de África; y en Túnez, Egipto, Líbano y Malta de Asia.
A más PIB más invasoras
«Se trata del análisis más completo realizado hasta la fecha sobre la distribución y los factores que explican la presencia de estas especies en ríos, lagos y humedales del Mediterráneo, ha subrayado Oliva.
Para el experto, uno de los hallazgos más relevantes es que la riqueza de especies invasoras está fuertemente relacionada con factores socioeconómicos, especialmente el producto interior bruto (PIB), el número de presas y la disponibilidad de hábitats acuáticos.
Así, los países con mayor desarrollo económico tienden a albergar más especies no nativas debido al aumento del comercio, la acuicultura y las actividades recreativas, ha apuntado.
El trabajo también revela que la mayoría de las introducciones de peces se deben a actividades humanas, principalmente escapes desde acuicultura o acuarios y liberaciones intencionadas, por ejemplo para pesca deportiva.
Estas introducciones, añade el informe, tienen importantes consecuencias ecológicas, ya que los peces invasores pueden afectar a las especies autóctonas mediante depredación, competencia, transmisión de enfermedades o alteración de los ecosistemas.
Recomendaciones
Los autores advierten de que, en el contexto del cambio climático, las condiciones ambientales podrían favorecer aún más la expansión de especies invasoras, especialmente aquellas adaptadas a aguas cálidas.
Además, todo apunta a que las actividades humanas que facilitan el movimiento de fauna acuática hacia aguas continentales (como acuicultura, pesca recreativa o comercio ornamental) se intensificarán en las próximas décadas, lo que, a su vez, elevará el número de introducciones de especies no nativas en los países circunmediterráneos.
Por ello, subrayan la necesidad de reforzar la prevención, la detección temprana y la cooperación internacional.
En su opinión, las prioridades de gestión en la región deberían incluir la implementación de protocolos estrictos de bioseguridad y medidas eficaces de prevención para reducir la probabilidad de nuevas introducciones y el desarrollo de evaluaciones predictivas de riesgo sólidas para anticipar qué especies tienen más probabilidades de establecerse en regiones específicas.
Además, abogan por reforzar los programas de vigilancia para garantizar la detección temprana y la activación rápida de protocolos de respuesta.
Dada la fuerte influencia de las actividades económicas en las invasiones biológicas, añaden, los esfuerzos deberían priorizar programas de monitoreo más intensivos, así como políticas regionales coordinadas y más estrictas para controlar el comercio internacional y la introducción de especies de alto riesgo asociadas con la acuicultura, la pesca recreativa y la acuariofilia. EFE Verde
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