Se dice que un ave tiene el plumaje vermiculado
cuando está lleno de líneas sinuosas
como las que traza
un verme o gusano avanzando.
En el águila perdicera esas líneas estriadas del pecho
recuerdan a los bordes de una nube,
para no ser vista desde abajo cuando caza las perdices que despluma
y que divisa desde una altura de 500 metros, incluso más,
sin fallar nunca.
Sedentaria, es el águila perdicera fiel a un lugar,
que defiende con su fuerza y sus garras,
siempre atalayando desde lo alto,
lleno el pecho de las nubes que pasan.
Cedente: Fundación AQUAE
TEXTO Y LOCUCIÓN: Mónica Fernández-Aceytuno
IMÁGENES: Alberto Saiz y Nacho Ruiz Into The Wild Productions [/box]






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