La Asociación para la Liberación y el Bienestar Animal presta sus instalaciones por sexto año para la castración de los gatos sin dueño que los cuidadores de colonias felinas o la propia asociación hayan recogido de las calles: unos 160 por edición según ha afirmado a Efeverde la presidenta de ALBA, Carolina Corral.
Las instalaciones del albergue se acondicionarán como quirófanos, salas de espera y salas de recuperación para los animales, que serán sometidos a una revisión general de salud antes de ser devueltos a sus colonias de origen.
Además de contar con la participación altruista de un equipo veterinario y la cesión de gran parte del material, los voluntarios no profesionales recaudarán fondos con la venta de una paella vegetariana y de artículos para gatos que se expondrán en un bazar.
También estarán presentes grupos de estudiantes de varias facultades de veterinaria que, durante los chequeos previos a la castración, recogerán muestras de los ejemplares para estudios de parasitología y contagio.
De entre los más de 1.600 gatos que son castrados cada año por esta organización, como parte de estas campañas o bien puntualmente, casi el total son devueltos a su hábitat, con excepción de los que tras la exploración presentan patologías graves de leucemia e inmunodeficiencia, que son sacrificados para evitar la infección de la comunidad.
Los gatos con enfermedades leves son hospitalizados con gasto a cargo del equipo veterinario de ALBA hasta su recuperación y, a los más sociables, «unos cuatro o cinco en cada jornada, se les busca una familia» ha explicado Corral.
La responsable de la organización recalca la importancia de mantener en lo posible la existencia de gateras controladas: «No puedes dar de comer a una colonia de gatos si no los castras, porque estás creando un problema, pero una vez castrados y marcados tenemos una defensa frente a los vecinos».
Una marca recortada con forma de rombo en la oreja izquierda de cada animal supone «la garantía de que no van a causar problemas y que van a ser incluso un beneficio para el entorno humano».
Las colonias controladas contribuyen a evitar un «círculo vicioso» en el que la Comunidad de Madrid se ve obligada a sacrificar una manada para dejar libre un espacio que, inmediatamente, es ocupado por otra colonia igualmente fértil.
Manteniendo una población felina sana y esterilizada no sólo se evita este problema sino que además los felinos garantizan un sistema desratizador ecológico. EFE




