Barcelona.- El uso de fertilizantes en los principales cultivos agrícolas del mundo es «ineficiente», pues hasta la mitad de los nutrientes no son absorbidos por las plantas, según concluye un estudio del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).
Publicada en la revista científica Nature Communications, la investigación analiza el uso de fósforo, nitrógeno y potasio en cultivos de arroz, trigo, soja y maíz -que representan más de la mitad de la producción agrícola global- en 205 países durante las últimas seis décadas.
Los resultados muestran que, en muchos lugares, una parte importante de estos fertilizantes no llega al cultivo y acaba contaminando en su lugar el agua y el suelo. Los motivos detrás de dicho desperdicio varían según la región, el cultivo o el clima.
En el caso de las zonas «más ricas» como Europa o Estados Unidos, los fertilizantes se gestionan mejor gracias a una estricta regulación ambiental, pero en regiones como Asia el uso puede ser «descontrolado y excesivo», advierten los expertos.
Sin embargo, el desafío en África es la falta de acceso a fertilizantes fosfatados, más caros, que limita la productividad agrícola y la seguridad alimentaria.
Mayor desperdicio en el maíz
Donde se ha detectado más desperdicio es en el maíz, especialmente en las principales regiones productoras, ya que se le suele aplicar nutrientes en exceso creyendo mejorar el cultivo, pero gran parte de estos se acaba perdiendo.
Por lo que respecta al arroz, por ejemplo, la eficiencia es mayor en regiones tropicales, donde la humedad, el calor y los sistemas inundados favorecen la absorción de nutrientes mediante las raíces.
En las zonas secas o no tropicales, en cambio, los cultivos aprovechan peor los fertilizantes y se produce un mayor desperdicio, según los investigadores.
De la misma manera, la cosecha de trigo y soja absorbe menos fertilizante en zonas secas y los aprovecha mejor en climas templados.
«Durante la Revolución Verde, entre 1960 y 1980, se aumentó la producción agrícola gracias al uso intensivo de fertilizantes químicos, y provocó una paradoja: inicialmente aumentó la producción, pero el suelo se acidificó y redujo la capacidad de las plantas para absorber nutrientes, así que como solución se aplicaban más», explica el investigador del CREAF y primer autor del estudio, Ji Liu.
Eficiencia limitada
Desde que se empezaron a detectar los impactos ambientales, Europa limitó su uso, pero en el mundo la eficiencia sigue siendo del 50 %, señala Liu.
Para mejorar la eficiencia, los autores proponen medidas como la agricultura de precisión, la rotación de cultivos o el uso de biofertilizantes con microorganismos que ayuden a las plantas a absorber mejor los nutrientes.
El estudio también advierte que el cambio climático podría reducir todavía más la capacidad de algunos cultivos, como el arroz, para aprovechar el nitrógeno. EFE Verde
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