Los calderones tropicales que viven al sur de Tenerife
constituyen una de las pocas poblaciones residentes del mundo.
Dependen los calderones de sus sonidos para alimentarse,
y señala la doctora Aguilar que estos calderones
«son los cetáceos que pueden nadar más rápido en profundidad,
alcanzando los 9 metros por segundo».
Como en el soneto de Quevedo, entregan su «Amor constante más allá de la muerte»,
ya que esta madre seguiría acompañando a sus crías aunque perdieran la vida.
Sus sonidos ancestrales recuerdan a los de una máquina de coser
con la que tejieran en el agua su historia.
Cedente: Fundación AQUAE
TEXTO Y LOCUCIÓN: Mónica Fernández-Aceytuno
IMÁGENES: Aquawork






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