Rosa habla en una entrevista con EFE durante un recorrido por la selva, en Tumaco (Colombia). EFE/Ernesto Guzmán

COLOMBIA MEDIOAMBIENTE

Los "guardianes de la selva", los protectores de los bosques en Colombia

Publicado por: Redacción EFEverde 10 de noviembre, 2022 Tumaco (Colombia)

Laia Mataix Gómez

Rosa se adentra en la selva colombiana con uno de sus alumnos, a quien enseñó la importancia de la conservación y los procedimientos para registrar la biodiversidad que los rodea; ambos hacen parte de una red de "guardianes de la selva" que está descubriendo los bosques en los que nacieron y los protege de la deforestación.

Aprender a conocer la selva

 

Rosa toma notas con un alumno durante un recorrido por la selva, en Tumaco (Colombia). EFE/Ernesto Guzmán

 

 

Su alumno es Anderson, de la aldea Pueblo Nuevo del Consejo Comunitario de Bajo Mira y Frontera, en Tumaco, departamento de Nariño (suroeste), donde la violencia y el narcotráfico dictan el día a día de las familias.

Dejó de talar árboles tras 20 años cortando y vendiendo madera de zonas deforestadas para convertirse en uno de los "guardianes de la selva". Ahora es experto en huellas de animales y diámetros de árboles.

Estos promotores, como se denominan, "son miembros de las comunidades cuya actividad económica dependía antes del corte (de árboles) directa o indirectamente", resalta Rosa desde la profundidad de la selva tumaqueña.

Las alternativas a tumbar selva como principal actividad económica se han ido instalando en la comunidad de Bajo Mira y Frontera, que agrupa a 53 aldeas con un total de 47.000 hectáreas de territorio colectivo. Allí ahora es común sembrar cacao o los proyectos con animales, y las motosierras y guadañas son una reminiscencia de tiempos pasados.

"Ha bajado la incidencia y la presión que tienen hacia el bosque", confirma Rosa en referencia a las cifras de deforestación de la zona.

Guardianes de la selva

Pero este cambio de oficio y de mentalidad no vino solo, vino acompañado por toda una tropa de ingenieros ambientales que han tomado como propia la labor de monitorear el bosque, hacer inventario de qué especies animales y vegetales las habitan y garantizar que la biodiversidad se mantenga en una zona donde cortar árboles siempre había sido ley.

 

Rosa camina con un alumno durante un recorrido por la selva, en Tumaco (Colombia). EFE/Ernesto Guzmán

 

Estos nuevos vigilantes de la biodiversidad nacieron del proyecto Páramos y Bosques, un programa de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid, por sus siglas en inglés), buscando impulsar la conservación y la venta de bonos de carbono que permitan a las comunidades acceder a beneficios por su labor de protección.

En total son 10 los "guardianes de la selva" en Bajo Mira y Frontera, todos de las mismas veredas que forman este consejo comunitario, cuyo "conocimiento es invaluable porque son expertos locales, conocen el territorio, las especies que viven en él, y nos facilitan el trabajo", explica a EFE Rosa.

Salen en grupos de trabajo de dos o tres personas, algo que "les permite llegar a una población muestra del territorio" y registran toda la información que se encuentran en los bosques a través del "componente MRV: monitoreo, reporte y verificación".

Programa de venta de bonos de carbono

"Como su nombre indica, nos encargamos de monitorear, verificar y hacer los reportes o alertas tempranas en las áreas de conservación y zonas de bosque y del área que está en el proyecto REDD+", un programa de venta de bonos de carbono en esta zona rural de Tumaco que está consiguiendo dos logros, la reducción de la deforestación y la financiación de las comunidades para proyectos comunitarios.

En su labor trabajan con "formatos de campo, hojas donde reportan cierta información, un GPS que ayuda a guardar las coordenadas de los lugares, de las alertas de deforestación, y una aplicación móvil para almacenar y compartir información". También han instalado ocho "cámaras trampa" para capturar a algunos de los animales más escurridizos, como jaguares.

Registran, por ejemplo, especies que tradicionalmente habían estado bajo mucha presión por la acción humana para hacerles seguimiento y valorar la recuperación ecológica del bosque ahora que dejaron atrás los machetes. El cuángare (Dialyanthera gracilipes u Otoba gracilipes), que llega a medir hasta 35 metros de altura, es uno de los árboles a los que más le hacen seguimiento.

Esta labor garantiza que esta zona cuente con los estándares que requieren y lo hacen "atractivo" para la compra de bonos de carbono. De hecho, ya han vendido una ronda de bonos y van por la segunda.

"No quiero volver a cortar madera", concluye Anderson, que cambió los troncos tumbados en el suelo por árboles vivos que siguen garantizando el gran tesoro que Tumaco y Colombia tienen guardado, aunque no siempre bajo llave. EFEverde

 

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Redacción EFEverde

Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE.