La población de corzos se ha multiplicado como si se mirara en un espejo.
Se suelen ver en solitario,
o en collera,
como estas dos hembras que se distinguen de los machos por la ausencia de cuernas,
y por el escudo anal con forma de corazón blanco al que se le dio la vuelta.
La expansión de este cérvido se debe a su capacidad de adaptación,
a su inteligencia,
y a que frente al gamo y el ciervo
suele tener dos crías, incluso tres corcinos en cada parto.
Dejan unas huellas que recuerdan a las de una oveja
los corzos en la nieve,
donde se suma la inocencia a la inocencia.
Y da infinito.
Cedente: Fundación AQUAE
TEXTO Y LOCUCIÓN: Mónica Fernández-Aceytuno
IMÁGENES: NaturaHD Films [/box]






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