Madrid.- España está viviendo unas semanas críticas por los incendios forestales que calcinan el país, entre los que preocupan especialmente los fuegos en la provincia de Ávila, Madrid y Castellón, que han afectado a más de 87.000 hectáreas según datos de Copernicus y a unas 92.000 personas.
Unos incendios, en muchos casos de sexta generación, en los que la meteorología es uno de los factores que hacen que queden fuera de capacidad de extinción, según ha explicado en declaraciones a EFE Verde el meteorólogo de Meteored Samuel Biener.
El climatólogo se ha mostrado especialmente preocupado por la generación de pirocúmulos, nubes tormentosas que se originan cuando el intenso calor de la superficie forma corrientes de aire ascendentes que se encuentran con aire más frío en las capas medias de la atmósfera.
Incendios de sexta generación: el fuego que desborda la extinción y altera la atmósfera
Un fenómeno muy peligroso debido a que pueden generar «su propio tiempo dentro del incendio»: «Ese pirocúmulo puede provocar descargas eléctricas que pueden dar lugar a incendios nuevos y, cuando colapsa, se producen rachas de viento huracanadas que pueden hacer que el incendio se propague aún más sin control en la zona».
Biener también ha afirmado que hay expertos que ya apuntan a que si estos grandes incendios coinciden con la llegada de una banda de precipitación débil se dan condiciones propicias para que se produzcan reventones términos en el entorno del incendio, que al llegar al suelo se expande en todas las direcciones y pueden alcanzar rachas de más de 100 kilómetros por hora.
«Eso en un incendio es de lo peor que puede pasar, porque puede aún descontrolar y expandir más el incendio», ha asegurado.
A ello se suma, según Biener, que en los últimos días en los incendios de Madrid y Ávila se están viendo inversiones térmicas, en las que el aire frío se queda acumulado en el fondo del valle, hay un estancamiento y se forma una tapadera que, cuando se rompe, puede descontrolar las llamadas.
«La meteorología dentro de un incendio de este tipo, de sexta generación, es muy compleja y es uno de los factores que en muchas ocasiones, por desgracia, hace que quede fuera de la capacidad de extinción, que es algo que ya hemos visto estos días», ha afirmado.
Efectos también en áreas cercanas
Para Biener, lo «más evidente» de un incendio en las áreas cercanas es la reducción de la calidad del aire, algo que se está viendo estos días en zonas que están relativamente lejos de los grandes incendios -como pueden ser áreas de Alicante- y que se han visto afectadas por estas nubes de humo.
Esto puede provocar que, si los ciudadanos se encuentran bajo una nube de humo, las temperaturas no suban tanto «porque se bloquea la radiación», aunque también puede hacer que, el mismo efecto pantalla, mantenga por la noche los termómetros algo más altos de lo normal.
En este sentido, el meteorólogo de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) Benito Fuentes ha explicado en su cuenta de Bluesky que estas nubes de humo reducen la radiación directa y aumentan la difusa, al haber más dispersión de la luz, lo que enrojece el cielo.
¿Y después del incendio?
Unas condiciones que, eso sí, desaparecen a medida que se apagan las llamas ya que, según explica Biener, no hay evidencias de que el tiempo de una zona afectada por un gran incendio cambie radicalmente tras su paso.
Lo que si se generan son problemas con el de la erosión debido a que el suelo está desnudo y desprotegido ante elementos externos, por lo que, la lluvia que antes no hacía daño al ecosistema, ahora sí que puede provocar una “catástrofe bastante importante” no solo en el suelo, sino también en acuíferos, embalses o ríos.
En cuanto al tiempo, Biener explica que habría que ver cuánto de densa era la masa forestal antes del incendio, ya que en zonas en las que ya no hay bosque se va a producir un aumento local de esta temperatura por la falta de cubierta.
También pueden haber pequeñas variaciones locales en la formación de niebla, ya que antes esa masa forestal aportaba o atrapaba la humedad, pero en general, el experto señala que se tratan de pequeñas situaciones y no cambios radicales en el clima de estas áreas. EFE verde
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