Sao Paulo atraviesa desde diciembre uno de sus peores momentos hídricos, debido a la falta de precipitaciones en el periodo estival y a la consecuente escasez de agua en los depósitos, que operan a niveles mínimos y han desatado una crisis de abastecimiento que afecta ya a unos nueve millones de personas.
A pesar de las reiteradas negativas del Gobierno regional sobre la falta de abastecimiento, en muchos barrios es habitual ver filas de personas a la espera de los camiones cisterna de empresas que venden agua, mientras en ciudades del interior del estado como Itú y Campinas el servicio lleva más de diez días interrumpido.
«La danza del agua» y Macumba

Pero más allá de las campañas para incentivar un menor consumo, con pocos resultados, el deseo de que llueva ha llevado a celebrar jornadas de oración promovidas por el alcalde de Tambaú, Roni Donizetti Astorfo, en su municipio, declarado en estado de emergencias desde julio pasado.
La tradicional «Danza de la lluvia» de los indígenas también fue promovida por grupos étnicos en el centro de Sao Paulo, en parte en protesta por el «descuido» de las autoridades y también debido a las creencias populares.
Algunas personas han invocado los espíritus para que llueva en rituales de «macumba», una práctica de algunas de las religiones afrobrasileñas.
Ademas de bombardear literalmente las nubes para provocar lluvia artificial, se ha reactivado el proyecto del ingeniero Pedro Ricardo Paulino: el «waterair» una máquina capaz de generar hasta 5.000 litros de agua potable diarios, alimentada con energía solar. EFEverde





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