Imagen del pueblo de Christiania. Fuente: Another Way Film Festival
ANOTHER WAY FILM FESTIVAL

El documental ‘Christiania’ recupera la historia y las contradicciones de esa comunidad autogestionada de Copenhague

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Mario Porras Rodríguez

Madrid.- El documental Christiania, del cineasta danés Karl Friis Forchhammer, recupera la historia de esta comunidad autogestionada de Copenhague, conocida por su forma alternativa de convivencia y en la que llevan décadas explorando soluciones naturales para gestionar el agua y proteger los espacios verdes.

Este barrio de la capital danesa ha apostado por una forma de vida ligada a su entorno, con calles sin coches, construcciones singulares y una larga tradición de iniciativas para aprovechar mejor los recursos. Estas iniciativas reflejan un modelo de autogestión y una forma de vida que, como ocurre con la convivencia, depende de las decisiones que toman quienes viven allí.

«Es un gigantesco experimento democrático sobre cómo construir una sociedad en la que todo el mundo tenga que ponerse de acuerdo para tomar decisiones», ha explicado el cineasta, que recupera la historia y las contradicciones del enclave en su documental Christiania, presentado en la pasada edición del Another Way Film Festival.

«A veces es bueno estar con personas que no son como tú»

Forchhammer comenzó a hacer la película para entender qué significaba haber crecido fuera de Christiania, después de que sus padres abandonaran el barrio el día de su nacimiento.

En una entrevista con EFE Verde, el cineasta ha mostrado preocupación por el hecho de que desaparecieran los testimonios de sus primeros habitantes. Al regresar, ha encontrado una comunidad más viva de lo que esperaba y una forma de tomar decisiones que sigue dependiendo del acuerdo entre personas muy distintas.

Imagen de la comunidad de Christiania en una reunión. Fuente: Another Way Film Festival

«A veces es bueno estar con personas y convivir con gente que no es como tú», ha señalado Karl. En Christiania conviven alrededor de mil personas con opiniones muy diferentes: antiguos hippies, anarquistas, comunistas y personas con planteamientos capitalistas, obligadas a negociar cuestiones cotidianas como los gastos comunes o las normas de convivencia.

Esa responsabilidad compartida también está presente en la manera en que el barrio aborda su espacio físico. Su ‘Plan Verde’ de 1991 proponía conservar las zonas naturales, mejorar la gestión de los residuos y reducir el consumo de agua y energía.

No obstante, no todas las medidas recogidas en dicho plan entonces pueden darse por vigentes hoy, pero el documento muestra que la ecología formaba parte de la reflexión comunitaria desde hace décadas.

Un barrio que busca convivir con la naturaleza

El director no presenta Christiania como una comunidad sin problemas. En la película aborda las dificultades que han vivido algunos de sus habitantes y la tensión entre la libertad individual y la necesidad de establecer límites. Para él, la identidad del lugar depende de que siga acogiendo a quienes encuentran dificultades para encajar fuera.

«La razón de ser de Christiania es tolerar a personas que no son toleradas fuera», ha afirmado. Y añade que el barrio debe seguir siendo «un lugar abierto para las personas que tienen dificultades para sobrevivir fuera».

Imagen de un hombre en un puente de Christiania. Fuente: Another Way Film Festival

Esa idea de cuidar lo común también se refleja en el entorno. Según la Administración danesa, el tráfico de coches está prohibido en el interior del barrio, donde se da prioridad a los peatones y las bicicletas.

De allí surgieron las Christiania Bikes, bicicletas de carga con un cajón delantero de madera que comenzaron a fabricarse en 1972 para transportar niños, compras y materiales sin tener que recurrir precisamente al coche.

La reutilización también está presente en sus construcciones. Por ejemplo, algunas viviendas se levantaron de forma artesanal con materiales recuperados, una práctica que sigue teniendo su reflejo en la Green Recycling Hall, un mercado del barrio que vende madera, puertas, ventanas y otros materiales nuevos y de segunda mano para la construcción.

Una economía a escala local

La autonomía de Christiania no se limita a la forma de organizar sus espacios o tomar decisiones. La comunidad también ha buscado impulsar una economía propia, vinculada a los comercios y servicios del barrio.

Una de las principales iniciativas fue el Løn, una moneda local creada en 1997 para fomentar los negocios de la comuna y favorecer que el dinero circulara dentro de ella. Actualmente, aunque el Løn sigue vigente como símbolo de autonomía, en la práctica diaria la corona danesa es la moneda predominante, ya que un Løn equivale a 50 coronas danesas.

Imagen de un habitante de Christiania en una calle de comercio. Fuente: Another Way Film Festival

Más allá de la moneda propia, Christiania cuenta con una caja común a la que contribuyen mensualmente los residentes adultos con una cuota fija.

Con ese dinero, la comunidad financia servicios básicos como la recogida de basura, el mantenimiento de las infraestructuras y la guardería del barrio, además de cubrir el coste de agua y electricidad que paga al Ayuntamiento de Copenhague. Así, el mantenimiento de las viviendas y los espacios compartidos no depende únicamente de cada residente, sino de un sistema de financiación común.

La inclusión como parte del experimento

La convivencia en Christiania no siempre ha sido fácil. Forchhammer recuerda que algunos niños crecieron en entornos marcados por el alcoholismo y el consumo de drogas, aunque también encontraron apoyo en los vínculos con otras personas de la comunidad.

El director advierte, sin embargo, de que esa apertura exige afrontar situaciones complejas y no significa aceptar comportamientos violentos. Para él, el desafío consiste en mantener espacios en los que puedan convivir personas vulnerables sin que las dificultades terminen expulsándolas de la comunidad.

Esto lleva a otra cuestión: la desaparición de Pusher Street, la conocida calle vinculada al mercado de cannabis, podría cambiar el futuro de Christiania. Forchhammer teme que la llegada de personas con más recursos desplace a quienes tienen menos oportunidades y que la comunidad pierda parte de su carácter inclusivo.

Hombre fumando en Christiania
Imagen de un hombre fumando. Fuente: Another Way Film Festival

Recuperar la memoria de una comunidad

El impulso definitivo para rodar Christiania llegó cuando Forchhammer supo que muchos de los antiguos residentes estaban falleciendo y que sus recuerdos podían perderse: «Si quiero contar la historia de este lugar, tengo que hacerlo ahora», recuerda que pensó.

Para reconstruir ese pasado, el equipo combinó fotografías, grabaciones antiguas, material de archivo y animación. Aunque también grabaron entrevistas con antiguos habitantes, finalmente optaron por dar protagonismo a sus voces y a las imágenes de la época para acercar al espectador a la Christiania de los años setenta.

Imagen de un oso montado en un coche en Christiania. Fuente: Another Way Film Festival

Forchhammer espera que el público salga de la película con una mayor disposición a convivir con quienes piensan de otra manera y a participar en los procesos democráticos.

Su reflexión sobre Christiania trasciende así la historia de una comunidad concreta: cómo construir espacios compartidos, aceptar las diferencias y mantener abiertas alternativas que permitan repensar tanto la organización social como la relación entre la ciudad y la naturaleza.

Al final, Christiania deja una pregunta en el aire: ¿es posible vivir de otra manera en la ciudad, convivir con personas con un pensamiento diferente al tuyo y cuidar el entorno sin dejar a nadie atrás? Su futuro dependerá, en parte, de que la comunidad consiga mantener ese espíritu.

mpr

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