La orquídea, esa flor exquisita que se regala para expresar la singularidad de la agasajada, es un exponente de lo más sorprendente y diabólico del mismo.
El género Oprys, que es para muchos el de mayor belleza, posee unos pétalos que parecen la hembra de un insecto y produce además un olor muy parecido al de las famosas feronomas que tanto atraen a los machos.
La trampa pues está servida …el insecto macho va directo a la orquídea creyendo que es un fémina de su especie e intenta por todo los medios aparearse sin, claro está, conseguirlo.




