Con el frío hay especies que se vuelven ubiquistas, es decir, que cualquier lugar donde haya un recurso les parece bien.
Como le sucede a este herrerillo común que con el paso de los senderistas por el melojar de La Herrería en el El Escorial busca las migas de pan que han caído sobre la nieve.
Con su característico píleo azul cobalto en la cabeza, el herrerillo protege a los árboles de las plagas, ya que se calcula que una familia de herrerillos destruye al año 24 millones de insectos.
¿Qué sería de nuestros bosques sin los herrerillos?
Ni siquiera su sombra.
Cedente: Fundación AQUAE
TEXTO Y LOCUCIÓN: Mónica Fernández-Aceytuno
IMÁGENES: NaturaHD Films [/box]






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