El macho y la hembra danzan y enroscan sus colas ocultos tras los corales y «bailan» entrelazados por el fondo del mar.
Finalizado el romance, la novia traspasa sus huevos a una bolsa que tiene el novio adherida a su cuerpo.
Sólo cuando los huevos ya están a buen recaudo en esta bolsa, el caballito de mar libera su esperma para fecundarlos.
Y sí, es el macho el que se queda embarazado, el que porta y alimenta a los futuros vástagos y el que finalmente da a luz con mucho esfuerzo.




