Madrid.- El 54 % de la población infantil de España, unos 4,1 millones de niños y niñas, está expuesto a, al menos, tres riesgos climáticos combinados, según un informe de Unicef, que destaca que las principales amenazas climáticas para la infancia en el país son las olas de calor, a las que están expuestos 6 millones, y la sequía, que impacta en 4,2 millones.
El riesgo de exposición a amenazas climáticas de los niños que viven en España alcanza una puntuación media de 5,63 sobre de diez, con la contaminación del aire (8,24), las tormentas tropicales (7,53), las olas de calor (6,71), el calor extremo (5,2) y los incendios forestales (3,57) a la cabeza.
Por detrás figuran las indundaciones fluviales (2,28 sobre 10), las inundaciones costeras (1,12), la sequía (3,02) y las tormentas de arena y polvo (3,03)
Según la agencia de la ONU para la infancia, aunque España cuenta con servicios públicos más sólidos que otros países más vulnerables, la infancia sigue invisibilizada y no aparece de forma expresa en los planes de gestión del riesgo.
Por ello, hace un llamamiento a las administraciones públicas para que integren a los niños, niñas y adolescentes en todas las fases de una emergencia: prevención, preparación, respuesta y reconstrucción.
Más de la mitad de la población infantil mundial, amenazada
A nivel mundial, unos 1.100 millones de niños, casi la mitad de la población infantil global, están expuestos a, al menos, tres amenazas climáticas que ponen en riesgo su educación, su salud y su supervivencia, según Unicef, que raclama a los gobiernos del mundo reducir emisiones e invertir en adaptación para reducir riesgos.
El documento, titulado ‘Children’s Climate Risk Report 2026’, muestra la exposición de la infancia a las ocho amenazas climáticas más frecuentes: inundaciones costeras, sequías, calor extremo, incendios, olas de calor, inundaciones fluviales, tormentas de arena y polvo, y tormentas tropicales.
Este estudio muestra con precisión dónde y con qué intensidad las amenazas climáticas múltiples y combinadas están afectando a los niños y niñas y a los servicios esenciales de los que dependen, y propone medidas concretas que pueden adoptar los gobiernos, entre las que destacan reducir las emisiones contaminantes y reforzar los servicios básicos para afrontar estos riesgos.
Pide también que las instalaciones educativas y de salud sean resistentes a los problemas climáticos, que se garantice la seguridad alimentaria de la infancia, que se refuercen los servicios de agua y saneamiento y que los sistemas de alerta temprana sean eficaces.
Sequía y calor, las más recurrentes
La crisis climática no se manifiesta en forma de un acontecimiento individual. Para millones de niños y niñas, la realidad es una combinación
compleja y peligrosa de distintos riesgos que se superponen entre sí y esta acumulación de amenazas desborda la capacidad de los servicios sociales que no están preparados y socava la resiliencia de las familias y comunidades, señala el informe.
Según la misma fuente, casi todos los niños del mundo se enfrentan a, por lo menos, una amenaza climática y más de 4 millones podrían estar expuestos hasta a seis.
El informe detalla los lugares y la intensidad de las amenazas climáticas que pueden afectar a la infancia y concluye que la combinación de amenazas más extendida la forman sequía, calor extremo y olas de calor: más de 296 millones de niños viven en zonas del mundo expuestas a ellas.
La segunda combinación más frecuente es sequía, calor extremo y tormentas tropicales y afecta a más de 115 millones de niños.
En países de Asia como Pakistán, Bangladesh o Myanmar, la infancia debe afrontar más amenazas climáticas simultáneas que en cualquier otro lugar del mundo y, además, de mayor intensidad.
En la región africana del Sahel, más de 4 millones de niños se enfrentan a la triple amenaza de olas de calor, calor extremo y tormentas de arena y polvo.
Los ricos no se libran
Los países de renta alta tampoco se libran de estos problemas. En Italia, por ejemplo, más de 6 millones de niños están expuestos a olas de calor prolongadas o sequías.
El texto analiza también la exposición de la infancia a la contaminación del aire, que afecta a casi todos los niños del mundo, y a la malaria, a la que están expuestos en torno a 1.000 millones de niños.
Los peligros climáticos se convierten en desastres solo cuando trastornan la vida y los medios de subsistencia de las personas, las familias y las comunidades, recurda Unicef en el documento.
En lo que respecta a la infancia, añade, la vulnerabilidad se define tanto por la sensibilidad biológica como por la capacidad de adaptación, a su vez, medida en relación a su acceso a los servicios sociales esenciales necesarios para sobrevivir y prosperar. Cuando estos sistemas
son frágiles, inaccesibles o poco resilientes a las conmociones climáticas, las vidas infantiles corren peligro, advierte Unicef.
Según la directora ejecutiva de Unicef, Catherine Russell, el documento «puede ayudar a los gobiernos y a los responsables de la toma de decisiones a planificar mejor y a invertir de forma más eficaz». EFE Verde
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