A bordo de esas islas que son las montañas,
bajo su amparo,
se ha quedado a vivir nuestra perdiz más desconocida: la perdiz pardilla ibérica.
El macho con esa herradura anaranjada en el pecho.
Se distingue de la hembra por la actitud sobre todo.
La hembra siempre más pegada a la tierra, el cuello menos estirado.
El macho más gallardo.
Estas imágenes tienen un gran valor documental, no es fácil ver a la perdiz pardilla ibérica, en este caso en los montes de León.
Tiene en el plumaje el color de las piedras y de las hierbas secas, pero vive alejada de los mares de los sembrados, bajo el amparo del cielo de la vida silvestre en las montañas.
Cedente: Fundación AQUAE




