Pero hay sorpresas: especies dispuestas a vivir a contracorriente, a vivir unidos hasta que la muerte les separe.
Y este parece ser el caso de los fantásticos caballitos de mar y los legendarios albatros.
Su singularidad les lleva también a practicar vistosos cortejos.
En el caso de los albatros, la danza nupcial, pródiga en posturitas y contoneos, les lleva su tiempo, porque ya se sabe que no es conveniente equivocarse si la pareja tiene que durar toda la vida.




