Ana Tuñas Matilla
Las administraciones destinan unos 700.000 millones de dólares al año a subsidios agrícolas que, en la gran mayoría de los casos, perpetúan prácticas dañinas para el medio ambiente, los humanos y los propios agricultores. Para reorientar esas ayudas hacia la sostenibilidad del sector, un grupo de expertos liderado por el ex presidente de Costa Rica Carlos Alvarado (2018-2022) asesorá a responsables políticos de todo el mundo.
Bautizado como el Panel de Alto Nivel para una Transición Rural Justa y presentado esta semana en Ankara (Turquía), el grupo ha sido impulsado por Clim Eat, una organización con sede en Países Bajos que actúa de puente entre ciencia y política para lograr un sistema alimentario sano y sosniteble, y cuenta con la financiación de Reino Unido. Entre sus integrantes figuran también miembros de la ONU y de la Fundación Gates, entre otras instituciones.
Dar un nuevo propósito al apoyo público
El objetivo no es eliminar subsidios ni quitar el apoyo a los agricultores, sobre todo a los más pequeños, sino dar un nuevo propósito al apoyo público a la agricultura, ha explicado a EFE Verde Alvarado, que ha subrayado que investigaciones de la ONU y del Banco Mundial revelan que muchos de ese apoyo público (cerca del 90 %) está reforzando prácticas con impacto negativo en el medio y en la salud humana.
Entre esas prácticas, destacan los monocultivos o el uso masivo de fertilizantes químicos procedentes de petróleo y gas, una dependencia que, además, pone en jaque al sector primario en momentos como el actual, en el que los precios se han disparado por el cierre del Estrecho de Ormuz por el conflicto en Oriente Medio.
«Lo que defendemos es que esta cantidad tan grande de apoyo público se puede y debe reorientar hacia prácticas agrícolas más sostenibles, que respeten el medio, ofrezcan una alimentación más sana y nutritiva y, además, vayan en beneficio de los agricultores», ha aseverado Alvarado.
La humanidad necesita agricultura y naturaleza
El mundo, la humanidad, necesita a los agricultores para garantizar la seguridad alimentaria, lo que, a su vez, pasa por una agricultura que no destruya biodiversidad y más resiliente al clima y a los «shocks económicos como los que estamos experimentando actualmente con los fertilizantes», ha defendido.
Se trata de hacer una transición gradual, no tiene que ser un cambio abrupto de la noche a la mañana, según el ex presidente de Costa Rica, que ha señalado que defenderán la reorientación de los apoyos públicos a la agricultura para un triple beneficio (ambiental, humano y económico) en las tres grandes cumbres de Naciones Unidas de este año: Cambio Climático (Turquía), Desertificación (Mongolia) y Biodiversidad (Armenia).
En los tres casos, la agricultura tiene un papel central, según Alvarado, que ha subrayado que no existe separación entre humanidad y naturaleza y ha defendido la necesidad de proteger, al menos, el 30 % de los ecosistemas terrestres y marinos.
«Sin naturaleza no hay humanidad y necesitamos preservar un repositorio importante de naturaleza para que haya vida futura, algo fundamental para los sistemas agroproductivos (…) La naturaleza debe ser protegida, no como una pieza de museo, sino como sistema vital para la vida en el planeta».
Monocultivos y fertilizantes químicos
Aunque la situación cambia mucho en función del país o región y no hay una solución única para todos, entre las prácticas más dañinas y que, paradójicamente, más subsidios acaparan, destacan los monocultivos.
«Estamos perdiendo mucho espacio para el cultivo de vegetales y de frutas que tienen mayor valor nutricional y menor impacto en el medio en favor de cultivos como la caña de azúcar, el maíz o el trigo que, aunque son necesarios, exceden las necesidades y tiene un gran impacto ambiental».
Otro insumo al que se destinan gran parte de las ayudas públicas, alrededor de un tercio, son los fertilizantes químicos, que deberían ser sustituidos por fertilizantes verdes, como el amonio verde, y los biofertilizantes (combinan materia orgánica con fetilizante tradicional).
Todo esto beneficiaría a los agricultores, porque los hace más sostenibles, productivos, rentables y resilientes; y al consumidor, que tendría acceso a alimentos más sanos, al tiempo que ayudaría a reducir la crisis climática (la agricultura genera un tercio de las emisiones de efecto invernadero) y la pérdida de biodiversidad.
Revalorizar la profesión
A pesar de todos los beneficios que generaría una agricultura más «verde», lo cierto es que cada vez son más los agricultores que se revelan en contra de políticas como el Pacto Verde europeo o la Agenda 2030, que persiguen la transición hacia modelos productivos sostenibles. En muchos casos, arengados por aquellos que no quieren que las cosas cambien.
Para Alvarado, disolver esta resistencia pasa por empatizar con ellos y por entender que el sector primario y las zonas rurales han sido duramente golpeadas por la globalización y la economía.
«Tenemos que lograr hacer ver que en el campo y en el sector primario están muchas de las soluciones, que los necesitamos y que no podemos prescindir de ellos porque están en el centro del futuro de la humanidad».
La clase política, el cuello de botella
Cualquier ciudad del mundo, ya sea Nueva York, Madrid o Ankara, por muy grande que sea, depende del campo que es el que nos abastece de alimentos, de nutrientes, de energía…, ha apuntado.
Por eso es importante pasar de la confrontación a la sinergia y que los agricultores entiendan que el objetivo no es quitarles ayudas, sino que las ayudas les lleguen realmente (se calcula que sólo reciben un tercio del total) y que sirvan para hacer que las generaciones futuras puedan vivir del campo dignamente y, al mismo tiempo, ayuden al medio ambiente.
«Si logramos ofrecerles opciones más sostenibles que sean más baratas que las que se tienen en el mercado y que además ayudan al ambiente, las familias que trabajan de la agricultura las adoptarán, y ahí es donde debe entrar la clase política, que es la que debe generar los incentivos y dar las herramientas que faciliten la transión. Creo que el principal cuello de botella actualmente no está en el agricultor, sino en el sector político», que no está teniendo visión, ha lamentado. EFE Verde
atm




