Ana Tuñas Matilla
Los humedales juegan un papel fundamental a la hora de proteger a la población de efectos del cambio climático, como las grandes avenidas por lluvias torrenciales o la escasez de agua dulce, que se prevé que irá en aumento. Por ello, restaurarlos y devolverles el espacio que les ha sido robado por agricultura e infraestructuras debería ser uno de los pilares fundamentales de la estrategia para adaptar el país al cambio climático, según los expertos consultados por EFEverde.
Cada 2 de febrero, se celebra el Día Mundial de los Humedales para conmemorar la firma del Convenio de Ramsar (2 de febrero de 1971) para la conservación de estos ecosistemas, considerados grandes reguladores hídricos y que en gran parte se encuentran en mal estado.
Sólo el 13 % está en buen estado
Según datos de inventario nacional de zonas húmedas de la Fundación Global Nature, sólo el 13 % de los humedales que actualmente existen en España está en buen estado, mientras que un 49 % está en situación desfavorable, ha explicado Antonio Guillem, coordinador de proyectos ambientales de la organización conservacionista.
Se calcula que España ha perdido más del 60 % de estos ecosistemas y que, actualmente, sólo están protegidos uno de cada cuatro (25 % del total).
Y todo, ha lamentado Guillém, a pesar de que se trata de una de las pocas infraestructuras naturales que almacenan agua evitando que se pierda y que, además, haga daño, sobre todo en zonas urbanas, como ocurrió con las lluvias torrenciales que causaron 229 muertos y múltiples daños en infraestructuras y negocios en octubre de 2024, principalmente en Valencia.
Precisamente allí, en Valencia, la Albufera sirvió para que el caudal llegara con menos fuerza a los municipios que están aguas abajo. «Humedal, arrozal y lago actuaron de esponja natural, laminando y reteniendo la avenida que, posteriormente, liberaron de forma lenta y fluida hacia el mar», ha explicado.
Entre los municipios que fueron «salvados» por el ecosistema, figuran Pinedo, El Saler, El Perelló o El Perellonet.
Devolver el espacio a la naturaleza
Aunque cada humedal tiene sus peculiaridades, el principal problema es que se están quedando sin espacio por la presión de la agricultura (son tierras muy fértiles que, además, se ven contaminadas por los nutrientes asociados a los cultivos) y la construcción de infraestructuras (urbanizaciones, carreteras, paseos marítimos, vías, etc).
Bien conservados, ha subrayado Guillém, también funcionan como reservorios de agua dulce, tanto superficial como subterránea, pues infiltran agua a los acuíferos.
Aunque la magnitud de las actuales trombas de agua hace difícil que puedan ser asimiladas por cualquier infraestructura, natural o artificial (por ejemplo, embalses), está demostrado que las naturales funcionan mejor en caso de grandes avenidas, ha insistido.
«Necesitamos devolverle a la naturaleza el espacio que le hemos quitado, porque la naturaleza conduce el agua de forma coherente y sin hacer daño. Si pones obstáculos en su camino… ya hemos visto su poder», ha aseverado Guillém, que ha apuntado que por mucho hormigón que pongamos para intentar controlarla no lo lograremos.
También descontaminan
«No sólo tienen capacidad de almacenamiento de agua, sino que también ralentizan su velocidad, lo que hace que las poblaciones situadas aguas abajo tengan más tiempo en caso de grandes avenidas», ha apuntado Miguel Martín Monerris, investigador del Instituto de Ingeniería del Agua y Medio Ambiente de la Universidad Politécnica de Valencia
Con la riada que siguió a la conocida como dana de Valencia quedó demostrado que la Albufera evitó daños mayores en las poblaciones de la costa aguas abajo porque detuvo muy bien la avenida, ha explicado Martín para ilustrar por qué «vale la pena mantener» este servicio ecosistémico que presentan los humedales.
En este sentido, ha explicado que muchos de los proyectos puestos en marcha para proteger a las poblaciones construyendo «zonas inundables» lo que hacen es recrear el comportamiento de los humedales que, además, retienen sólidos y contaminantes por lo que también «descontaminan» el agua que llega en avenida.
En su opinión, el principal problema al que se enfrentan para poder prestar este servicio es la elevada antropización de sus espacios, con la construcción de carretera, vías férreas, urbanizaciones, entre otras infraestructuras que interfieren en los flujos naturales
«Debemos hacer un llamamiento a la recuperación de las zonas húmedas, sobre todo porque el calentamiento global va a intensificar los fenómenos de precipitación y escorrentía. Proteger y ampliar los humedales es una gran medida de adaptación climática y debería ser un objetivo prioritario como país», ha afirmado el investigador.
Defensa ante la subida del nivel del mar
En la misma línea, el responsable de la Oficina Técnica de Doñana en SEO/BirdLife, Carlos Dávila, quien ha afirmado que los humedales generan resiliencia y ayudan al mantenimiento de las comunidades que los pueblan ante fenómenos adversos como sequías y grandes avenidas o inundaciones.
Además, en el caso de los costeros, también sirven de defensa frente al oleaje provocado por borrascas marinas, lo que es muy importante si tenemos en cuenta la subida del nivel del mar, sobre todo en el Mediterráneo.
Pese a estos grandes servicios, se calcula que se ha perdido entre el 70 % de las zonas húmedas del país, con casos muy llamativos, como los de la Janda (Cádiz) y la Laguna de Antela (Orense), que se desecaron artificialmente y ahora se deben restaurar en el marco del Plan Estratégico de Humedales, ha lamentado.
«Recuperar humedales es ganar resiliencia frente al calentamiento global», ha insistido Dávila, para quien proteger a las poblaciones pasa por más naturaleza y menos hormigón, que es lo que rompe el equilibrio.
Reducir costes asegurados
«Nos estamos dando cuenta de que la restauración y conservación de humedales tiene múltiples beneficios (…) Un humedal en buen estado tiene la capacidad de regular el flujo hídrico porque su suelo y su vegetación hace que funcionen como esponjas», ha apuntado Kiko González, especialista en iniciativas de gestión activa del territorio de Nactiva.
Frenan el movimiento rápido del agua que, posteriormente, distribuyen de forma constante y lenta con dos resultados importantes: reducen el riesgo de inundación de poblaciones y permiten que el agua esté disponible durante más tiempo.
Por todo ello, en su opinión, la restauración de los humedales debería ser vista como una inversión básica para el bienestar y la seguridad de los ciudadanos, además de una medida «económica».
En ese sentido, ha explicado que en el marco del proyecto Laurel Creek Watershed (desarrollado en Ontario, Canadá), la Universidad de Waterloo analizó un área de 540 hectárea de humedales restaurados y, comparando tres escenarios, calculó una reducción media de los costes de seguro asociados a tormentas severas del 38 %.
En el caso de la dana, los costes asegurados (es decir, los correspondientes a daños en bienes cubiertos por una póliza aseguradora) ascendieron a 5.260 millones de euros, según datos del Barómetro de Catástrofes 2024. EFEverde
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