Madrid.- Los expertos advierten de que la exposición prolongada a la contaminación acústica tiene efectos sobre la salud «bien evidenciados y bastante contundentes»; de hecho, según la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA), el ruido es uno de los factores responsables de 66.000 muertes prematuras al año.
El ruido es un contaminante que, aunque «no deja una mancha» cuando cesa, deja huella «en la salud de las personas que han estado expuestas», dice en entrevista con EFE Andrés Peña, director técnico del Laboratorio de Acústica de Calpe Institute of Technology, con motivo del Día Internacional de la Concienciación contra el Ruido.
La contaminación acústica actúa sobre el cuerpo «de forma silenciosa», cuenta a EFE por su parte José Luis Gómez Linares, biólogo y colaborador de la Federación de Asociaciones Contra el Ruido (FACR); activa el sistema auditivo, «desencadenando una colección de señales bioquímicas, nerviosas» que pueden generar «daños en estructuras corporales».
Según los expertos, como el cerebro está diseñado para procesar el ruido como una amenaza, entra en modo alerta: esto supone la activación de «mecanismos de la ansiedad» que tienen diversos efectos sobre el cuerpo.
Efectos sobre la salud
Por un lado, el ruido afecta al sistema cardiovascular, que «se prepara para recibir un ataque y acelera el pulso», aumentando la presión arterial, explica Peña; esta preparación también puede darse ante la ausencia de contaminación acústica que se sabe que va a producirse.
«Se llama ansiedad anticipatoria», añade Peña, que pone como ejemplo los minutos previos a la apertura de una terraza ruidosa: «nos ponemos de los nervios y aún no estamos expuestos al ruido».
Por otro lado, la contaminación acústica genera un proceso de «estrés oxidativo» en las células que fomenta la producción de algunas sustancias -radicales oxidantes- en exceso, detalla Gómez Linares, provocando la «muerte celular».
«Nacemos con unas 15.000 células ciliadas en cada oído», advierte el biólogo, «una vez que se dañan, no se vuelven a regenerar».
La perturbación del sueño es otra de las consecuencias. «Si no tenemos la oportunidad de descansar», dice Gómez Linares, «nuestro cuerpo se va a ir desgastando y se va a ir acumulando ese daño».
Combatir el ruido
El ruido del tráfico rodado, que es el «principal foco» de contaminación acústica, tanto por los motores como por el contacto entre el neumático y el suelo, se puede combatir con zonas de bajas emisiones que reduzcan el número de vehículos, asfaltos fonoabsorbentes y pantallas acústicas, sugiere Peña.
El ruido industrial está «más controlado» porque hay «más información técnica» sobre los equipos, pudiéndose «diseñar soluciones específicas».
El del ocio es «más aleatorio» e «incontrolable» porque depende del comportamiento humano; en este caso, Peña apuesta por reducir los horarios de las licencias, el número de mesas de las terrazas o instalar limitadores para la música de un local.
Y recuerda que analizar el impacto acústico de una actividad a priori ahorra costes y molestias. «Un buen diseño acústico resuelve los problemas antes de que surjan», remarca.
Gómez Linares coincide en diseñar «incorporando esa variable acústica», pero considera que la clave está en «la ordenación territorial y las planificaciones urbanísticas».
El biólogo sostiene que la normativa estatal «no es mala», pero lamenta que no se aplique «por desconocimiento» y, en ocasiones, «a sabiendas».
Asimismo aboga por un modelo urbanístico «equilibrado» que le dé a cada actividad «su lugar» en la planificación urbana, ya que conciliar usos «muchas veces se vuelve incompatible».
E insiste: hay que dejar de ver el ruido como «una simple molestia» y empezar a verlo como «el segundo contaminante ambiental que más afecta a la salud de los europeos». EFE Verde
sr/icn
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