Cada temporada alta, todos territorios turísticos españoles vuelven a enfrentarse a una tensión recurrente y bien conocida por los habitantes locales con un aumento significativo del turismo, más consumo, y volúmenes mucho mayores de residuos.
Islas como Ibiza y Formentera, archipiélagos como Canarias y Baleares y otros destinos costeros de gran afluencia ven cómo, durante unos pocos meses al año, su población efectiva se multiplica y pone al límite sistemas diseñados para otra escala.
Vertedero al límite en Ibiza
La repetición cíclica de este patrón evidencia, año tras año, que el modelo actual no está preparado, ni ambiental ni económicamente, para responder de forma eficiente a la presión estacional.
En Ibiza, por ejemplo, los últimos datos del Observatorio de Sostenibilidad de IbizaPreservation se hacen eco de un nuevo récord turístico en 2025, con más de 3,3 millones de visitantes y una fuerte concentración entre mayo y octubre.
Esta intensidad tiene consecuencias directas en una isla en la que el vertedero está al límite de su capacidad y urge tomar medidas en un contexto de saturación de infraestructuras, presión sobre los recursos y mayores costes de gestión de residuos en periodos muy concretos del año.
Pero este no es un problema exclusivamente balear sino que es algo estructural en buena parte de los territorios turísticos españoles. La cuestión, por tanto, es empezar a hacer las cosas de manera diferente si queremos resultados distintos.
En este contexto, la reciente visita a Cerdeña de una delegación de representantes técnicos y políticos de Baleares, Canarias y Portugal —impulsada por Plastic Free: Alianza Residuo Cero Ibiza y Formentera en el marco del proyecto “Cap a unes illes residu zero”— aporta una referencia especialmente relevante en el contexto europeo.
Porque Cerdeña demuestra que el cambio, tanto de estrategia como de resultados, es posible incluso en territorios insulares fragmentados y con una fuerte presión turística.
Incentivos que premian y penalizan
En poco más de dos décadas, esta región italiana ha pasado de un 6% de recogida selectiva de residuos a cerca del 76%. Y lo ha hecho, no a través de soluciones puntuales, sino mediante un rediseño completo del sistema que, ahora, se basa en tres pilares: la recogida puerta a puerta, una separación eficaz de la fracción orgánica e incentivos económicos alineados con los resultados.
Este último elemento es especialmente significativo. En Cerdeña, los municipios que cumplen objetivos reciben beneficios fiscales, mientras que los que no lo hacen afrontan considerables penalizaciones.
El resultado es un sistema en el que la mejora no depende únicamente de la voluntad política, sino también de una estructura de incentivos que empuja en la dirección correcta.
Además, el sistema ha demostrado en la práctica que el coste de tratar el residuo mezclado es significativamente superior al de gestionar las fracciones correctamente separadas, lo que refuerza el cambio de comportamiento.
Es, en esencia, una economía del residuo bien diseñada. Este es solo un ejemplo de cómo la experiencia sarda desmonta muchos de los argumentos que, de forma recurrente, bloquean avances orientados hacia este modelo en España.
El primer mito con el que se rompe es que estos sistemas no funcionan en contextos turísticos. Municipios como Pula, con alta presión estacional, o ciudades como Cagliari, con más de 150.000 habitantes, han demostrado en la práctica lo contrario.
El segundo es que el puerta a puerta es necesariamente más caro. Cuando se analiza el ciclo completo de Cerdeña —incluyendo tratamiento e ingresos por reciclaje— vemos que las diferencias de coste se reducen drásticamente, y en muchos casos se compensan.
Y el tercero, quizá el más importante, es que no existe alternativa viable. La experiencia de Cerdeña demuestra que la hay y que ya está funcionando en territorios comparables a los nuestros.
Esto no significa que el modelo deba copiarse de forma literal ya que cada territorio tiene sus particularidades, pero sí pone encima de la mesa suficientes evidencias para avanzar hacia sistemas más eficaces, especialmente en aquellos lugares donde la presión turística hace más evidente la ineficiencia del modelo actual.
Transición hacia un modelo más eficiente
España es una potencia turística global y, por eso, la gestión de residuos en destinos turísticos no puede abordarse con las mismas herramientas que en contextos estables. Requiere planificación específica, coordinación entre administraciones, y una revisión profunda de los incentivos que estructuran el modelo.
La transición hacia un modelo más eficiente no solo reducirá el impacto ambiental sino que también mejorará la calidad de los destinos, reducirá costes a medio plazo y reforzará la resiliencia de unos territorios que dependen, en gran medida, de su entorno.
En este sentido, iniciativas como Plastic Free: Alianza Residuo Cero Ibiza y Formentera representan un intento de articular ese cambio desde el ámbito local, combinando conocimiento técnico, colaboración institucional y participación de la sociedad civil.
Su propuesta no se limita a mejorar tasas de reciclaje, sino a avanzar hacia modelos más coherentes con los límites ecológicos de territorios insulares. Y, sobre todo, a hacerlo con una visión práctica, basada en experiencias reales y no en planteamientos teóricos.
No hay que inventar la rueda, Cerdeña ha demostrado que este cambio es posible.
La pregunta es si España está dispuesta a abordarlo con la misma determinación.
Inma Saranova es la directora ejecutiva de IbizaPreservation, una fundación sin ánimo de lucro que promueve la conservación y recuperación del excepcional patrimonio natural de las Islas Pitiusas. Desde 2008 la Fundación ha liderado, impulsado y participado en iniciativas que promueven la protección de los hábitats locales y de formas de vida más sostenibles.

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.
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