La sequía golpea también a otros países europeos, como España, y su impacto es analizado ya por la Unión Europea.
Mientras se estudia el problema en el ámbito comunitario, el Gobierno socialista luso ha limitado el consumo de agua para la producción de electricidad y el uso agrícola en seis presas, medidas que, según defendió esta semana el ministro de Ambiente en funciones, João Matos Fernandes, «están demostrando ser eficaces».
El ministro no descartó ampliar las medidas a otros embalses porque el objetivo es garantizar que existe agua para dos años de consumo y las previsiones no son optimistas.
Según el Instituto Portugués del Mar y de la Atmósfera, existe «una probabilidad del 80 %» de que 2022 sea un año seco, aunque la situación puede revertirse si llueve con normalidad en marzo y abril».
Los almacenamientos en cuencas hidrográficas están por debajo de la media, salvo en casos contados, como el Duero o el Guadiana.
Medidas a corto y largo plazo
El presidente de la Federación Nacional de Regantes de Portugal (Fenareg), José Nuncio, no oculta su preocupación y alerta, en declaraciones a EFE, de que «en incidencia, (las sequías) empiezan a ser muy frecuentes» y hay zonas en el Alentejo, uno de los motores agrícolas del país, donde desde hace 8 años «la lluvia no es suficiente».
«Vamos a consumir las reservas que estaban guardadas para el verano en invierno y también vamos a entrar en la campaña de riego y hay muchas zonas en las que no hay agua», aunque matizó que hay margen para innovar.
En el largo plazo, la Fenareg aboga por construir una red hidrológica nacional y nuevos embalses que garanticen agua a todo el país uniendo las regiones con mejores condiciones a las que tienen peores accesos al agua.
En el corto plazo, piden anticipar el pago de los apoyos a los agricultores en el ámbito de la Política Agrícola Común (PAC), reducir el coste de los factores de producción que afectan al riego, como la energía, modernizar y rehabilitar las infraestructuras o implementar un instrumento financiero de gestión de riesgo ante casos de sequía, entre otras medidas.
La sequía se reflejará en los precios
La Confederación de Agricultores de Portugal (CAP) recuerda a EFE que la sequía va provocar una menor producción agroalimentaria (aunque no dan cifras de la caída), que «se va a reflejar en el precio final al consumidor», pese a que no se prevé falta de productos en el mercado.
Para esta organización, si no se trata la sequía como un «problema nacional», con una apuesta por los embalses y las infraestructuras de apoyo al regadío, la situación puede agravarse en el futuro.
La nueva inversión debe respectar el medio ambiente
La asociación ambientalista ZERO recuerda que primero hay que «analizar la disponibilidad de agua y ver los consumos», ya que, aunque los embalses pueden ser una solución, «no lo son para todo», explica a EFE Pedro Horta, miembro del grupo de trabajo de Agricultura de la entidad.
Además, debería apostarse por reutilizar aguas residuales y de lluvia en las ciudades, mejorar la eficiencia de los recursos hídricos y, con mayores inversiones, apostar por opciones como la desalinización.
Gestión internacional
España y Portugal ya han planteado a la Comisión Europea (CE) la posibilidad de movilizar fondos comunitarios para apoyar al sector ante la sequía y quieren incluir este tema en la agenda de la próxima reunión de ministros de Agricultura y Pesca, que se celebrará en Bruselas el día 21.
Además, ambos países acordaron recientemente reforzar su cooperación para combatir este fenómeno que afecta a la Península Ibérica.
Este jueves, el Parlamento Europeo ha incluido en su agenda el problema de la sequía en la Península y ha asegurado que ya están en contacto con las autoridades lusas para ver cómo aplicar la nueva PAC con mayor flexibilidad. EFEverde




