La bióloga marina estadounidense Sylvia Earle, sonríe durante la entrevista con EFE en el Oceanogràfic en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. EFE/ Kai Forsterling
MEDIOAMBIENTE OCÉANOS

Sylvia Earle (bióloga marina): Los humanos también podemos ser la cura para el océano

Lourdes Uquillas

Valencia (EFE).- Hay que ver el océano «como parte de un todo», como regulador del clima, a pesar de las alteraciones causadas por el ser humano, pero que puede ser restaurado, porque «sabiendo las causas, también podemos ser la cura», el planteamiento es «tener voluntad», asegura la bióloga marina estadounidense Sylvia Earle.

Preocupa la velocidad y aceleración de los impactos

El ser humano es el «agente del cambio» en el océano y el planeta, sostiene Earle, quien al recoger el Premio Princesa de Asturia a la Concordia 2018 dijo una de las frases más conocidas para definir la función del océano: «Sin océano no hay vida. Sin azul, no hay verde».

La exploradora, nacida en New Jersey el 30 de agosto de 1935, ha pasado por el Oceanogràfic de Valencia donde impartió una conferencia en la Semana de la Ciencia para difundir la importancia, impactos y amenazas en un espacio que ocupa más del 70 por ciento de la superficie terrestre, para viajar posteriormente a Ibiza donde inauguró el V Foro Marino.

«No hay duda de que somos los agentes del cambio» en el planeta, dice, pero lo que realmente preocupa es «la velocidad, la aceleración y la correlación con nuestra actividad», sostiene en relación con las consecuencias de no actuar a tiempo para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), responsables del calentamiento global.

 

La doctora Sylvia Earle (d), junto al biólogo del Oceanográfic José Luis Crespo durante la suelta de una tortuga en la playa del Parador de El Saler.-EFE/ Kai Forsterling

 

«La cuestión es si tenemos la voluntad de tomar las medidas necesarias, que llevarán tiempo, pero que en última instancia serán las que necesitamos», apunta en referencia no solo a la quema de combustibles fósiles, sino también a la forma de cultivar los alimentos, porque «casi la mitad de la Tierra se dedica ahora a la agricultura, con una producción de metano muy grande, la producción de dióxido de carbono, y la pérdida de los lugares silvestres que normalmente servían para la captura de carbono».

Asegura que en el océano también «hemos perturbado estos sistemas antiguos y verdaderos», y «hemos interrumpido la captura de carbono por el fitoplacton al secuestrar la masa de vida en el mar».

Además de «alterar la química del océano, porque el dióxido de carbono en exceso en el mar se convierte en ácido carbónico, provocando una aceleración en la acidificación del océano y la falta de mecanismos de captura de carbono interrumpidos».

La importancia de pensar en quién votamos

Subraya la importancia de la toma de decisiones, como a la hora de «emitir un voto», porque «nos gusta pensar que, como individuos, nuestra voz cuenta. Pero las voces, las decisiones de aquellos a quienes elegimos para cargos públicos o aquellos a quienes apoyamos como líderes, ya sea que sean líderes electos o no, tienen un poder magnificado».

Para Earle, es necesario «entender cómo funciona el planeta y qué estamos haciendo para dañarlo».

«Si no podemos respirar, si el planeta se calienta demasiado, si hemos perdido la capacidad de ser resilientes, porque el tejido de la vida se ha desgarrado tanto que la Tierra ya no funciona a nuestro favor, todo el dinero del mundo puede marcar la diferencia», es necesario estudiar «qué podemos hacer ahora mismo a través de las decisiones que tomamos», dice.

Minería en el fondo marino

Unas decisiones que pueden suponer también las «mayores amenazas para el futuro de la vida», como la minería en el fondo marino. Por ello, asevera, «lo último que deberíamos pensar en hacer ahora es perturbar las profundidades marinas que siguen siendo la mejor oportunidad que tendremos de mantener estable el planeta».

 

La bióloga marina estadounidense Sylvia Earle, sonríe durante la entrevista con EFE en el Oceanogràfic en la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia. EFE/ Kai Forsterling

 

La máxima prioridad debe ser «mantener la Tierra habitable, mantener los sistemas que todavía funcionan a nuestro favor», para generar oxígeno, capturar carbono, mantener el tejido de la vida.

«Tenemos la capacidad que nunca hemos tenido antes de destruir a escala industrial, y lo estamos haciendo talando bosques, despojando de vida el océano», sin apreciarlo como «fuente de sustento» y más bien se toma como «fuente de dinero».

La minería en aguas profundas también se ve como una «fuente de dinero», porque «sabemos cómo vender algunos de los metales que están incrustados en estos nódulos de manganeso o en las costras de las profundidades marinas», muy apreciadas para la industria tecnológica.

Pero, se pregunta: «¿Debemos hacerlo?», y apunta: «tenemos una opción», elegir el «beneficio a corto plazo» para unas pocas personas, unos pocos países, unas pocas empresas, pero «todos los demás saldrán perdiendo, todos los demás pagarán el coste con sus vidas. Así que no vayamos por ahí», advierte.

La protección 30×30 de la biodiversidad 

«Es un buen comienzo», subraya en relación a la meta de protección del 30 % de naturaleza marina y terrestre para 2030 (30×30) establecida en la reunión de la COP15 de Biodiversidad, pero «no suficiente», porque «el océano nos mantiene vivos, la naturaleza nos mantiene vivos».

Por ello, el ser humano «tiene la única oportunidad que tendremos ahora para revertir el declive», asegura, y advierte: «va a ser más difícil, pero este es el momento como nunca antes y tenemos el poder».

«Todo el mundo puede hacer algo», y se necesita que «todo el mundo haga lo que puede hacer» en términos de lo que se elige comer, cómo viajar, cómo votar, el apoyo que se puede dar a las «políticas correctas y la oposición a las políticas incorrectas, y fijarse en las cosas buenas que están ocurriendo».

Se necesita el apoyo a las organizaciones y a los líderes, que «hagan lo correcto y podremos cambiar».

«Podemos pasar de inclinarnos en la dirección equivocada a inclinarnos en la dirección correcta y estabilizar lo que mantiene a la Tierra habitable justo en el límite», asegura. EFEverde

 

 


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