Ciudad Real.- El uso de radioemisores GPS ha revolucionado el seguimiento de la fauna amenazada en Castilla-La Mancha, al permitir conocer con precisión los movimientos, áreas de reproducción, rutas migratorias y causas de mortalidad de las especies, una información que resulta clave para la conservación de la biodiversidad y la gestión del territorio.
Así lo explica el técnico de la consejería de Desarrollo Sostenible en Toledo, Juan Pablo Castaño López, en un artículo publicado en el último número de la revista ‘Castilla-La Mancha Medio Ambiente’, editada por la Junta de Comunidades y consultada este martes por EFE, en el que analiza la evolución de estas herramientas tecnológicas y su aplicación en la conservación de especies protegidas.
Castaño señala que los avances registrados en las dos últimas décadas en informática, telemetría y sistemas de información geográfica (SIG), junto con la geolocalización por satélite, han permitido disponer de información «de alta calidad» sobre la fauna a un coste razonable y complementa el trabajo tradicional de seguimiento realizado mediante observación directa en el campo.
El autor recuerda que los primeros radioemisores empleados en España utilizaban tecnología VHF y obligaban a realizar seguimientos terrestres con antenas y receptores, lo que limitaba notablemente la obtención de datos, especialmente en especies migratorias o con grandes desplazamientos.
Sin embargo, el desarrollo de la tecnología GPS por satélite y la reducción de costes han permitido generalizar el empleo de emisores capaces de proporcionar miles de localizaciones precisas de cada ejemplar y transmitir esa información prácticamente en tiempo real.
Según destaca, estos datos permiten conocer el uso del hábitat, delimitar áreas de campeo, identificar zonas de reproducción o migración, detectar puntos conflictivos, localizar mortalidades y aportar información objetiva para los procedimientos de evaluación ambiental.
Radiomarcaje en Castilla-La Mancha
En Castilla-La Mancha, el radiomarcaje comenzó de forma puntual a finales del siglo pasado con grandes rapaces como el águila imperial ibérica o el águila perdicera, aunque fue el proyecto LIFE Priorimancha (2009-2014) el que impulsó un programa regional específico para el seguimiento de águila imperial, águila perdicera, buitre negro y lince ibérico mediante emisores terrestres y satelitales.
Tras la finalización de ese programa, el marcaje pasó a ser realizado por los servicios provinciales de Medio Natural, salvo en el caso del lince ibérico, cuyo seguimiento continúa dentro de proyectos europeos específicos.
Entre los ejemplos que recoge el artículo figura el seguimiento de cuatro milanos reales liberados en Toledo entre 2019 y 2021, que posteriormente se desplazaron hasta sus zonas de reproducción en Francia y Alemania, o el caso de un águila imperial recuperada en el Centro de Estudios de Rapaces Ibéricas (CERI), liberada en Toledo y que migró hasta el África subsahariana antes de regresar a la Península al año siguiente.
La telemetría también ha permitido documentar el intercambio genético entre poblaciones de lince ibérico.
El artículo recuerda que Castilla-La Mancha alberga ya cerca de un millar de ejemplares, la mayor población mundial de esta especie, y que gracias al radiomarcaje se ha constatado el asentamiento en la región de ejemplares procedentes de Extremadura o Portugal, así como el desplazamiento de linces nacidos en Castilla-La Mancha hacia Andalucía, Guadalajara o Madrid.
Detección inmediata de la mortalidad
Otro de los principales beneficios del seguimiento por satélite es la detección inmediata de la mortalidad de los animales radiomarcados, especialmente cuando se produce por causas no naturales, como electrocuciones, disparos, uso de venenos o capturas ilegales, lo que facilita la investigación de posibles delitos contra la fauna.
Los datos recopilados por el CERI muestran, además, que el radiomarcaje permite evaluar el éxito de la recuperación de animales atendidos en los centros especializados.
En el caso del águila imperial ibérica, la supervivencia de 41 ejemplares recuperados y liberados con emisores GPS alcanzó el 94 % durante el primer mes tras su suelta y el 69 % a los seis meses, de forma que la mayoría de las muertes posteriores fueron por causas no naturales, principalmente electrocuciones.
Castaño concluye que la conservación de la biodiversidad en el siglo XXI debe apoyarse en herramientas tecnológicas como la telemetría por satélite o el empleo de drones, siempre guiadas por criterios científicos y por la experiencia de los gestores, para mejorar la eficacia de las actuaciones de conservación y protección de las especies amenazadas. EFE Verde
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