© EFE IA

La revolución transparente. Trazabilidad, blockchain y plataformas digitales como motor del futuro agrícola. Por José Ángel Carrillo

Según los informes de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), a nivel mundial perdemos alrededor del 14 % de los alimentos entre la fase de cosecha y su llegada al comercio minorista.

Como ingenieros agrónomos, no vemos solo toneladas de producto estropeado en un almacén o en un tránsito aduanero, vemos millones de metros cúbicos de agua desperdiciada, energía dilapidada y horas de labor humana tiradas por la borda.

En un contexto de estrés hídrico global y cambio climático, este nivel de ineficiencia estructural es, sencillamente, inasumible.

Para atajar esta sangría, la digitalización de las cadenas de valor agrícolas, vertebrada a través de la trazabilidad, el blockchain y las plataformas digitales, emerge no como una simple modernización, sino como una reestructuración profunda e inaplazable de las reglas del juego.

Es aquí donde la tecnología blockchain (cadena de bloques) irrumpe como un elemento corrector fundamental. Históricamente, la cadena agroalimentaria ha funcionado como una caja negra. El producto cambiaba de manos, se mezclaba y cruzaba fronteras, diluyendo por completo la información sobre su origen y las condiciones de su cultivo.

El blockchain destruye esa caja negra al proporcionar un registro inmutable, descentralizado y verificable de cada transacción y de cada paso del proceso productivo.

Sensores y huella ambiental certificada

A través de la integración de sensores de Internet de las Cosas (IoT) en las parcelas, hoy podemos registrar en tiempo real y de forma incorruptible cuánta agua se ha empleado en un cultivo, qué productos fitosanitarios se han aplicado y en qué fechas.

Este «pasaporte digital» del alimento no es una entelequia.

Las previsiones del mercado tecnológico indican que la aplicación del blockchain en la agricultura y la cadena de suministro alimentaria es un sector en crecimiento exponencial, con un valor estimado que ronda los 1.500 millones de dólares para este año.

Este interés responde a una exigencia real. Y es la necesidad de certificar la huella hídrica y de carbono ante mercados cada vez más regulados y consumidores más concienciados.

Pero la transparencia que aporta la trazabilidad digital carecería de impacto real si no se tradujera en una mejora para el agricultor. Aquí entran en juego las plataformas digitales de acceso al mercado.

Durante décadas, el pequeño y mediano productor ha sido el eslabón más débil, carente de información sobre la demanda real y a merced de múltiples intermediarios.

Las nuevas plataformas digitales actúan como un puente directo entre la oferta y la demanda, basándose en la confianza que genera el dato validado.

Si un agricultor, ya sea en la cuenca mediterránea o en un país emergente, invierte esfuerzo y capital en implantar prácticas agrícolas sostenibles —como el riego por goteo de alta eficiencia o el manejo integrado de plagas—, la plataforma digital y el blockchain le permiten demostrarlo de forma irrefutable ante compradores internacionales.

Algoritmos que recortan pérdidas 

De este modo, la sostenibilidad deja de ser una carga regulatoria y se transforma en un valor añadido tangible que facilita el acceso a nichos de mercado premium y a precios más justos.

Además, mediante el uso de algoritmos predictivos, estas plataformas ajustan la oferta a la demanda con una precisión inédita, acortando los tiempos logísticos y atacando directamente ese 14 % de pérdidas postcosecha al que aludía la FAO.

La conclusión cae, por tanto, por sí sola. Necesitamos reducir el desperdicio y optimizar los recursos naturales.

Para conseguirlo necesitamos medir y registrar cada paso de la producción mediante herramientas inmutables como el blockchain. Y, finalmente, utilizar esa información validada en plataformas digitales para conectar a los productores responsables con mercados que recompensan económicamente esa eficiencia.

José Ángel Carrillo es ingeniero agrónomo en Incatema, especialista en nuevas tecnologías y transformación digital agroindustrial.

Quienes llevamos décadas diseñando soluciones agronómicas sabemos que las herramientas, por sofisticadas que sean, no funcionan por sí solas. Aunque todos sabemos que los datos son la nueva infraestructura del campo, requieren del factor humano para ser interpretados.

Esto exige la alfabetización digital en el mundo rural, a la vez que inversiones en conectividad y, sobre todo, exige que la tecnología se adapte a la realidad del terreno y no al revés.

La digitalización de la cadena de valor no es una moda pasajera.

Es la única vía posible para garantizar la seguridad alimentaria mundial y la supervivencia económica de nuestros agricultores en el siglo XXI.

Proteger el origen a través del dato es, en última instancia, la mejor manera de asegurar nuestro futuro.

 

José Ángel Carrillo es ingeniero agrónomo en Incatema, especialista en nuevas tecnologías y transformación digital agroindustrial.

 

Logotipo de Incatema

 


 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFE Verde.

 

Otras tribunas de Creadores de Opinión Verde (#CDO)

Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».