Rosa Martínez 7 Archivo EFE/Daniel Gonzalez
8M ENTREVISTA

Rosa Martínez, secretaria de Estado de Derechos Sociales: “La respuesta al ecofascismo es el ecofeminismo”

Por Marta Montojo/ EFEverde

“Políticamente, los valores del ecofeminismo son los que debemos contraponer al ecofascismo”, valora la secretaria de Estado de Derechos Sociales, Rosa Martínez, quien juzga que “sobre el papel, la respuesta al ecofascismo es el ecofeminismo” pero matiza que “en el campo de la disputa política, de la estrategia y comunicación política, ahí hablamos de otra cosa”.

A tres meses de que se celebren las elecciones europeas, del 6 al 9 de junio, y en vista del avance de la extrema derecha y lo que comporta para las políticas sociales, Martínez advierte en una entrevista con EFEverde del camino que se está abriendo el ecofascismo.

“Muchos partidos de extrema derecha tienen un lenguaje y unas propuestas claramente ecologistas. Por ejemplo, Marine Le Pen en Francia tiene una visión de la producción local, de la soberanía alimentaria, que encaja muy bien con el discurso que tradicionalmente se ha hecho desde el ecologismo”, apunta.

Claro que la postura de Le Pen tiene «connotaciones antidemocraticas porque son propuestas xenófobas y autoritarias, completamente reaccionarias”, aclara.

Y ante esta amenaza, la visión contrapuesta sería la ecofeminista. “El ecofascismo exacerba la desigualdad o se aprovecha de generar desigualdad en sus planteamientos. Hablamos del ecofascismo como una manera autoritaria del reparto de recursos, mientras que el ecofeminismo apuesta por lo contrario, por una igualdad en el acceso y en el disfrute de los recursos tanto a nivel social -entre estratos sociales- como entre hombres y mujeres”, explica.

Antes de llegar a la secretaría de Estado de derechos sociales, Martínez fue diputada por Bizkaia y coportavoz de Equo, y tras cerrar esa etapa en 2019 pasó a coordinar el grupo parlamentario Elkarrekin Podemos en el Parlamento Vasco.

Pero su trayectoria en el ecologismo va mucho más allá de las instituciones. Desde que dejó la política en 2020 hasta 2023 trabajó en la European Climate Foundation, una organización que dirige la economista francesa Laurence Tubiana, conocida especialmente en la diplomacia climática por ser una de las arquitectas del Acuerdo de París.

Rosa Martínez forma parte además del consejo editorial de la revista Green European Journal, que desde Bruselas analiza las corrientes y tendencias del pensamiento político ecologista.

Transformación ecosocial

El fichaje de Martínez en el ministerio de Pablo Bustinduy forma parte de la apuesta del nuevo Gobierno por incorporar perfiles “verdes” a departamentos más allá del ministerio de Transición Ecológica, como es el caso del ecologista Héctor Tejero, ex diputado en la Asamblea de Madrid y ahora asesor en la cartera de Sanidad. En su caso, Martínez afirma que el ministro Bustinduy “tenía bastante claro que hay que empezar a hablar de derechos sociales en un contexto de policrisis, de transformación ecosocial”.

Su agenda se centra en una reivindicación básica para el movimiento feminista: los cuidados, el apoyo a las personas que cuidan, un sector particularmente feminizado. Su propuesta incluye, por ejemplo, planes para fortalecer la independencia de las personas con discapacidad. A juicio de Martínez, el sistema económico precisa una transformación hacia una economía de los cuidados, de los servicios públicos. “Y eso se vincula directamente a la transición ecológica, a una economía menos material y más rica en bienestar”, añade.

“La transición ecológica es parte de otras de las muchas transiciones que tenemos que hacer y hay que vincularla con otros retos que tiene la sociedad. Por supuesto, con la digitalización, pero obviamente, y en mi caso concreto, con las competencias del ministerio, con el envejecimiento. El reto demográfico que tiene Europa y España en particular, con la necesidad de cuidados de larga duración de aquí a 2030, es un reto enorme”.

Mujeres y ecología

Frente a las “cosmovisiones” de la mujer como protectora de lo que a veces se llama “madre naturaleza”, Martínez opina que son narrativas que “funcionan, que tienen mucha lógica y mucha fuerza en otros contextos sociales y geográficos”, pero que “no siempre valen”.

“A mí no me gusta el ecofeminismo esencialista, que habla de las mujeres como guardianas de la vida”, señala. Ella entiende que “si las mujeres cuidamos más, es una cuestión cultural y estructural. No es una cuestión de nacimiento”.

La presencia de las mujeres es mayoritaria en servicios sociales, en “estas profesiones mucho más vinculadas a la vida”, así como en los voluntariados relacionados con el medio ambiente o el cuidado de animales. Esto, para Martínez, nos debería plantear la pregunta de si son profesiones o actividades que están menos valoradas “porque las hacen las mujeres o si es que las hacen las mujeres porque están menos valoradas socialmente”.

“Hay que hacer un trabajo de valorización del trabajo de los cuidados, del valor social que traen los cuidados a la vida como parte de reconocimiento del trabajo de las mujeres”, recalca.

Y se pregunta: “¿Por qué en esta sociedad tiene más reconocimiento, más prestigio, el dirigente de una empresa de armamento que una persona que cuida a personas mayores o que está cuidando a nuestros hijos en el parque? ¿dónde ponemos el valor social, la dignidad y el prestigio?”

“Vivimos en una sociedad patriarcal en la que a todos y a cada uno de nosotros, incluidas las mujeres, nos atraviesa la cultura machista”, destaca Martínez. Así, afirma que es inevitable que estos rasgos se cuelen también en movimientos como el ecologismo o incluso en las políticas de igualdad.

“¿Cuántos hombres se declaran aliados a favor de la igualdad, pero luego en su día a día, en sus comportamientos, en su manera de relacionarse, lo que hacen es contribuir a la desigualdad?”, plantea. “En el ecologismo pasa lo mismo”.

Mujeres y política

En la política, ella misma ha experimentado el machismo. “Cuando eres una recién llegada, eres mujer y encima eres más joven, se te cuestiona y se espera que tengas una posición de segunda línea o que tus ambiciones políticas estén mal vistas”. Su experiencia, dice, no es distinta a la de tantas otras mujeres que militan en partidos políticos.

“Lo que duele, o lo que es difícil de aceptar, es cuando el discurso hacia fuera de tu partido, de tu organización, es supuestamente feminista, igualitario”. La política, dice, “sigue siendo profundamente patriarcal, a pesar de los avances que hemos tenido, a pesar de los órganos paritarios”.

No obstante, Martínez reconoce que el hecho de que Equo tuviera portavocías paritarias, que hubiera un coportavoz hombre y una coportavoz mujer, a ella le dio una oportunidad.

El tener ese reparto de poder, esa visibilidad dentro del partido, supone a su juicio “un buen ejemplo de que la paridad y las cuotas funcionan”.

Pero una vez en posiciones de poder las mujeres se topan también con una doble vara de medir producto del patriarcado, agrega Martínez, ya sea en la política o en otros sectores. “A las mujeres, en general, seamos políticas, empresarias, maestras o enfermeras, se nos va a juzgar siempre más duramente que a cualquiera de nuestros colegas”, lamenta.

Menciona como ejemplos de otras maneras de hacer política -con una visión más centrada en el bienestar y menos en el crecimiento económico- a la primera ministra islandesa, Katrín Jakobsdóttir, o a la ex primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern, quien en 2019 propuso dar prioridad en los presupuestos nacionales a otros parámetros más allá del Producto Interior Bruto (PIB) para centrarse en los que miden la felicidad (la mejora de la salud mental, por ejemplo, o la reducción de la desigualdad social).

Sin embargo, Martínez lamenta también los casos de mujeres dirigentes que “han pagado caro sus otras formas de hacer”, como la ex primera ministra finlandesa, Sanna Marin, “a la que no se le permitió salir de fiesta, cuando hemos visto fotos de señores en fiestas mucho peores y que encima han sido aplaudidos”.

«Siempre hablamos de Margaret Thatcher o de Angela Merkel, que al final se mimetizaban con el ambiente, casi también en el vestuario y en la manera de actuar de los hombres”, argumenta Martínez, pero señala que «cada vez más hay ejemplos de mujeres políticas que salen de ese discurso o de esa figura más masculinizada».

«La sociedad es cada vez más diversa, y la política tendrá que serlo cada vez más”, sentencia.

Políticas de identidad

Ella considera que hay que abrazar esa diversidad. Y de hecho incide en que “igual que hablamos de feminismos, habría que hablar de ecologismos”, comprendiendo y aceptando las diferencias.

Porque incluso en la identidad personal de cada uno, dice, conviven varias identidades.

“No soy partidaria de hacer políticas identitarias. Por supuesto, un partido político tiene identidad”, afirma, pero juzga que “no hay que repartir carnets de feminismo ni de ecologismo” pues eso “va en contra de los intereses y de los propios objetivos políticos”.

“Cuanta más gente esté de acuerdo, en distintos grados, con distintos matices, pero que se suba al carro, que considere que esto es parte de su preocupación, aunque no esté alineado al cien por cien con lo que yo considero el buen ecologista o la buena feminista, para mí siempre es positivo”, arguye.

“En política hay que buscar aliados”, abunda, sobre todo cuando se llega a la acción institucional, donde se legisla para un mundo “que no es el ideal en el que va a encajar tu visión de las cosas” y que por tanto es imposible llegar a ese grado de pureza.

“Te pueden criticar más o menos, pero la realidad es que es así como se avanza; con pequeños pasos y moldeando. Llevamos 200 años esperando la revolución y no ha llegado. Y dudo mucho que lo haga en los próximos 10 años”. EFEverde

mmt/al


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