Imagen de uso editorial facilitada por CAMS de la evolución de la formación del agujero de ozono. EFE
CAPA OZONO

La erupción del Hunga-Tonga probable causa del desarrollo temprano del agujero de ozono

Redacción Medioambiente, 31 ago (EFE).- La erupción del volcán submarino Hunga-Tonga en enero de 2022 sería la causa del comienzo «ligeramente mas temprano» del desarrollo del agujero de la capa de ozono sobre la Antártida este año, advierte el Servicio de Vigilancia Atmosférica de Copernicus (CAMS).

La monitorización efectuada por los satélites Copernicus muestra unos valores más bajos de la columna de ozono en comparación con los 43 años anteriores, y marcan un comienzo temprano del desarrollo del agujero de ozono, explica en un comunicado.

Formación temprana

En 2023, según CAMS, el desarrollo «ha comenzado inusualmente pronto», tras registrarse durante todo el mes de julio algunos de los valores mínimos de la columna total del ozono más bajos de las últimas cuatro décadas en el hemisferio sur.

Por ello, su superficie total es «relativamente grande» en la actualidad, aunque su progresión ha seguido un patrón de crecimiento bastante típico, según un comunicado de CAMS.

Achacan este adelanto a la erupción en enero de 2022 del volcán Hunga Tonga (Hunga-Tonga-Hunga Ha’apai) «en la composición de la atmósfera superior», debido al aumento del vapor de agua aportado a la atmósfera entre diciembre de 2021 y enero de 2022.

Imagen de uso editorial facilitada por CAMS de la evolución de la formación del agujero de ozono. EFE

 

Según CAMS, las observaciones satelitales de unos valores más bajos de la columna de ozono en comparación con los 43 años anteriores, junto a otros indicadores clave, están marcando un comienzo «temprano» del desarrollo del agujero de ozono este año.

No obstante, de acuerdo a las observaciones de los científicos del Servicio de Vigilancia Atmosférica, la evolución detectada durante la última semana y la previsión de CAMS para los próximos días apuntan que la situación se acerca a la media de años anteriores.

Sin embargo, dice la fuente, está aún por determinar «si provocará un mayor agotamiento de la capa de ozono y un agujero mayor de lo habitual en 2023».

Vincent-Henri Peuch, director de CAMS, señala que la «capacidad del Servicio para proporcionar análisis tridimensionales y previsiones del ozono en los polos es un potente enfoque para vigilar en tiempo real cómo se desarrollan los agujeros de la capa de ozono y para evaluar cuáles son los principales responsables de lo que se está observando».

«Esto da información sobre hasta qué punto determinados acontecimientos afectan este año al desarrollo del agujero de la capa de ozono sobre la Antártida, como la erupción del Hunga Tonga el año pasado, que aumentó la cantidad de vapor de agua en la estratosfera», según Peuch.

Cuestionamientos sobre su evolución

La influencia de la erupción del volcán sigue planteando preguntas para los científicos, dice Peuch, mientras «CAMS seguirá proporcionando información detallada sobre su seguimiento «hasta que el agujero de la capa de ozono de 2023 se cierre a finales de noviembre o en diciembre».

Cada año, durante la primavera austral se forma el agujero de la capa de ozono, un fenómeno atmosférico que en condiciones normales en la estratósfera del hemisferio sur, empieza a mediados o finales de agosto, cuando el Sol se eleva sobre el Polo Sur, y se cierra hacia finales de noviembre.

Imagen de uso editorial facilitada por CAMS del análisis de la columna total de ozono sobre el Polo Sur entre el 01-07-2023 y el 28-08-2023. EFE

 

Este mecanismo tiene lugar porque el agotamiento del ozono se ve alimentado por procesos químicos que se producen en las nubes estratosféricas polares, «que tienen más probabilidades de formarse cuando los niveles de vapor de agua en la estratosfera son elevados».

Las sustancias de larga permanencia que agotan la capa de ozono (SAO) que se han acumulado en la estratosfera y provocan una drástica disminución de la concentración de ozono sobre la Antártida en primavera cada año son principalmente de origen humano y han sido emitidas por diversas industrias desde la década de 1960.

Desde la adopción del Protocolo de Montreal en 1987, que eliminó progresivamente las nuevas emisiones, las concentraciones de SAO en la estratosfera se han frenado y hay claras señales de recuperación de la capa de ozono, según CAMS.

Sin embargo, aseguran, «es importante señalar que las SAO afectarán a la capa de ozono durante muchas décadas, ya que se tarda mucho tiempo en eliminarlas de la atmósfera».

Según el Servicio europeo, «se prevé que en 50 años sus concentraciones en la estratosfera hayan vuelto a los niveles previos a la Revolución Industrial y ya no se experimenten agujeros en la capa de ozono». EFEverde

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Redacción EFE Verde

Un equipo de periodistas especializados en periodismo e información ambiental de la Agencia EFE.