Visitantes recorren el extremo sur de la isla Margarita, que ha quedado al descubierto por los bajos niveles del Danubio en Budapest (Hungría). Imagen de archivo EFE/EPA/Zsolt Szigetvary

Coface: la sequía es un problema económico de primer orden y hay que adaptarse a convivir con ella

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Ana Tuñas Matilla

La sequía es un riesgo climático infravalorado por muchas empresas y gobiernos que siguen viéndola como una cuestión meramente medioambiental cuando en realidad es también un problema económico de primer orden, según Laurine Pividal, economista para el sur de Europa de Coface (una de las mayor aseguradoras de crédito y gestora de riesgos del mundo), que ha advertido de la necesidad de adaptarse a largo plazo a ella porque cada vez será más frecuente debido al calentamiento global.

En su opinión, esa visión limitada hace que se intenten sortear los problemas que provocan los episodios de sequía con medidas a corto plazo que ofrecen resultados limitados, cuando lo que habría que hacer es abordarla a largo plazo y sabiendo que hay que adaptarse a ella porque irá a más.

Ríos que se secan

Entre otros efectos, la sequía seca ríos y lagos, lo que provoca un gran impacto en la actividad económica que sustentan: transportes de mercancías, energía, turismo, etc.

Como ejemplo, en Europa, los históricos bajos niveles de ríos como el Rin y el Danubio han puesto en jaque el movimiento de mercancías y turistas y sistemas energéticos.

El Rin y el Danubio concentran el 35 % de las reservas de cruceros fluviales en Europa y, además, son dos corredores logísticos fundamentales para el continente, pues concentran el 60 y el 12 % del transporte fluvial europeo, respectivamente.

La falta de agua ha obligado a reducir la carga que transportan los barcos (entre un 60 y 80 %), incrementando con ello los costes que soportan las empresas afectadas, así como a buscar alternativas para el transporte de cruceristas que debían pasar por tramos que la sequía convirtió en intransitables.

Los bajos niveles del Danubio también han obligado a parar las centrales nucleares de Cernavodă, que aporta el 20 % de la electricidad en Rumanía, y Paks, que concentra el 40 % de la producción eléctrica de Hungría, lo que ha afectado también a Rumanía, por las interconexiones con el país vecino.

En el canal de Panamá, la sequía asociada a El Niño está obligando también a reducir la actividad de una de las mayores infraestructuras de paso internacional de barcos y la única de este tipo que funciona con agua dulce.

En la Amazonía brasileña, la persistente sequía ha rebajado de forma alarmante el caudal del río Negro dejando con ello grandes embarcaciones encalladas y paralizando una de las principales vías de transporte y abastecimiento de la región.

Aprender a convivir con ella

«La disponibilidad de agua se está convirtiendo en una limitación física para el crecimiento económico y, dado que todo apunta a que la sequía será cada vez más recurrente por el cambio climático, hay que adaptarse y diversificarse. El riesgo de sequía ya no es excepcional y, sin duda, se va a volver cada vez más frecuente e intenso», ha advertido Pividal.

Para la experta, la cuestión que hay que plantearse no es cómo afrontar la próxima sequía sino cómo adaptarnos a convivir con ella. La experiencia reciente demuestra que se trata de un problema que ya no puede abordarse sólo con medidas de emergencia, como usar barcazas de menor calado o parar centrales poniendo en jaque los sistemas energéticos de países enteros.

«En Europa, tanto las empresas como los responsables públicos tendrán que reflexionar sobre cómo adaptar sus infraestructuras de transporte y energía a episodios de sequía, lo que implica inversiones. El desafío ya no es gestionar un episodio extremo puntual, sino adaptarse a un entorno en el que se repetirán cada vez con mayor frecuencia», ha insistido.

Por eso, algunas empresas que dependen del transporte fluvial, en lugar de preguntarse cómo superar un episodio de sequía, empiezan a plantearse cómo construir cadenas de suministro resilientes para evitar que la falta de agua paralice su actividad.

España, turismo y sequía

En el caso de España, una de las actividades que más depende e impacta en el agua es el turismo.

Preguntada por si el país puede permitirse recibir 100 millones de turistas, ha apuntado que la cuestión que hay que hacerse no es si puede, sino en qué condiciones puede hacerlo porque una parte importante de la demanda se concentra en regiones que sufren un elevado estrés hídrico y en los meses más secos del año.

«Desde un punto de vista económico, recibir más turistas no es un problema si las infraestructuras de abastecimiento, tratamiento y reutilización del agua crecen al mismo ritmo. El problema aparece cuando el crecimiento de la demanda supera la capacidad del sistema».

Evitar conflictos y mayores precios para los usuarios

En caso de que se supere, hay que incrementar las inversiones, lo que implica mayores costes de suministro y que el precio del agua aumente para hogares y empresas, según la economista.

«Por eso, el debate no se reduce al número de turistas, sino a la capacidad y a la eficacia de la gestión del agua entre todos los agentes económicos. Es una cuestión de adaptación en el largo plazo, de inversión y de uso compartido del recurso», ha advertido Pividal

«Hay que entender que la sequía es un problema ambiental, social y económico y que necesitamos encontrar el equilibrio entre todo eso para evitar que el agua se convierta en un factor de conflicto entre usos», ha añadido. EFE Verde

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Ana Tuñas Matilla

Somos Naturaleza, ese es mi lema. Mi objetivo, que no se nos olvide. Somos parte del ecosistema en el que vivimos, no sus dueños. Cuidarlo es cuidar de nosotros mismos. Es nuestra responsabilidad. Mis orígenes están en una aldea de Ourense. Mi contacto con lo rural, unido a mi experiencia en la cobertura de temas de economía o salud, me han permitido entender que todo está conectado.