Madrid.- Con una parte de la ciencia proclive a la energía nuclear frente al cambio climático, el ecologismo celebra hoy que España mantenga el plan de cierre de las plantas nucleares que siguen operativas, con el horizonte final de 2035, aunque pide más celeridad en el proceso de gestión de los residuos radiactivos.
Se trata de «un hito imprescindible» la aprobación ayer del séptimo plan de gestión de residuos nucleares, que será «fundamental para definir y asentar dicha política» junto con el cierre escalonado de las nucleares, según el Movimiento Ibérico Antinuclear (MIA), del que forma parte Ecologistas en Acción, en un comunicado.
Pese a ello, las organizaciones antinucleares rechazan que el almacenamiento definitivo de los residuos radiactivos para aislarlos en profundidades terrestres de unos 500 metros esté programado tan a largo plazo: es «inaceptable» que el séptimo plan de gestión de residuos nucleares retrase la operación al menos hasta 2073.
Desde el ámbito científico, sin embargo, existen estudios independientes, al igual que informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de la ONU y del panel internacional de expertos sobre cambio climático IPCC que avalan que la energía nuclear sería fundamental en la lucha contra la descarbonización y el cambio climático.
Así lo ha asegurado hoy a Efe Víctor Resco, profesor de la Universidad de Lleida, además de doctor en la Universidad de Wyoming (EEUU), para quien, en contra de lo que popularmente cree un amplio segmento de la población, «la energía nuclear es de las más seguras desde el punto de vista de la salud, y asimismo de las más inocuas con el medio ambiente».
«La nuclear requiere de una superficie de terreno muy pequeño para generar gran cantidad de energía, no emite gases con efecto invernadero y tampoco exige extracciones de minerales masivas, al contrario que la solar o la eólica que degradan grandes proporciones del paisaje», ha añadido el profesor universitario de ingeniería forestal.
Además, «mientras que los metales pesados para la producción fotovoltaica son contaminantes de por vida, los residuos nucleares mantienen niveles peligrosos de radioactividad durante periodos más cortos», según el científico.
En España todavía funcionan cinco centrales nucleares, dos de las cuales disponen de sendos reactores cada una (Almaraz y Ascó), con una potencia total instalada de unos 7.400 MWe.
Pese a que la nuclear es considerada energía verde por la taxonomía europea, los últimos pasos oficiales en España confirman que se mantiene en pie la hoja de ruta para el adiós definitivo de las centrales todavía operativas en Tarragona, Guadalajara, Cáceres y Valencia.
De acuerdo al calendario de plazos, las próximas centrales que echarán el cierre serán Almaraz I (2027) y Almaraz II (2028); a continuación, de forma progresiva lo harán Ascó I (2030), Ascó II(2031), Cofrentes (2030), Vandellós (2030) y Trillo (2035).
Actualmente dos plantas se encuentran en desmantelamiento (Vandellós I y José Cabrera) y una más en proceso de pre-desmantelamiento (Santa María de Garoña).
En paralelo, el territorio español alberga otras dos instalaciones nucleares: la fábrica de combustible nuclear de Juzbado (Salamanca) y el centro de almacenamiento de residuos radiactivos de muy baja, baja y media actividad en El Cabril (Córdoba).
El objetivo a largo plazo es disponer en España de un emplazamiento definitivo para el combustible gastado y los residuos de alta actividad en un Almacén Geológico Profundo (AGP), que los aislaría a profundidades de unos 500 metros, pero las organizaciones antinucleares denuncian que la fecha de 2073 es demasiado lejana.
«Se tardarán casi cuarenta años en dar solución a los residuos nucleares de alta actividad, permaneciendo hasta entonces en el entorno de las centrales, manteniendo e incrementando el riesgo que ello implica», advierten.
Según el Movimiento Ibérico Antinuclear, hasta ahora los gobiernos venían evitando las cuestiones «peliagudas» de la gestión de residuos radiactivos y eso ha complicado los procesos de cierre de las centrales.
“Ya era hora de saber» como se implementará todo ello, aunque es cierto que «la mejor gestión de los residuos es no generarlos», señalan las organizaciones, que han pedido una vez más «el cierre de todas las centrales nucleares» pero «de inmediato».
Por el contrario, el ingeniero Víctor Resco, frente al rechazo de los ecologistas a la energía nuclear, asegura que «la pretensión de deshacerse de la nuclear es más ideológica que científica, y carece de pragmatismo».
«Pretender lograr la descarbonización de la economía cerrando las centrales nucleares es como pretender adelgazar dejando de beber agua: una locura», concluye el experto. EFEverde
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