Ana Tuñas Matilla
El «campanu», nombre que recibe el primer ejemplar de salmón que se pesca en los ríos de Asturias cada temporada, sigue sin aparecer más de una semana después de que se abriera la veda, lo que, según expertos, certifica el alarmante y rápido declive de la especie en toda la cornisa catábrica.
La temporada de salmón se abrió en Asturias el sábado 18 de abril, sin que por el momento se haya capturado ninguna pieza, cuando la tradición era dar con él a las pocas horas de que se permitiera su pesca y hay más de 5.200 aficionados con licencia para pescarlo en la comunidad.
El pasado año, cuando el «campanu» tardó cuatro días en aparecer (el más tardío de la historia hasta este año), se alcanzó el mínimo histórico de capturas: 130 salmones, frente a los más de 5.000 que cada año se anotaban en la segunda mitad del pasado siglo o los 2.800 de 2001.
«La pesca es cuestión de probabilidades. Si hay mucho en el río, se pesca mucho, si no hay o hay poco, no se pesca o se pesca poco. Que no se pesque el campanu revela que en el río no hay salmones o que hay muy poquitos», ha explicado a EFEverde el responsable de la Sección de Gestión Piscícola del Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente de Navarra, José Ardaiz.
En su opinión, la ausencia de «campanu» certifica algo que intuían desde hace tiempo, «que la población de salomes está cayendo a toda velocidad y de forma alarmante» y que lo está haciendo en toda la cornisa cantábria (su área de distribución en España) de manera generalizada, lo que es aún más preocupante y «asusta mucho».
Navarra: resultados positivos tras cuatro años de veda
En Navarra, la pesca de salmón de Atlántico (Salmo salar) se ha prohibido en los últimos cuatro años en un intento de ayudar a la especie a recuperarse, pues, aunque la pesca en los ríos no es la culpable de su situación, si se pescan los pocos adultos que retornan a su río de origen para reproducirse, será la puntilla, ha explicado Ardaiz.
«En el Bidasoa ya sabíamos que este año iba a ser malo porque los datos de alevines de hace 2 o 3 años eran bajos. Si no hay alevines no habrá adultos que vuelvan al río», ha apuntado tras recordar que los salmones nacen en el, viajan al mar para madurar y regresan al río de origen a los dos o tres año para reproducirse.
Para el experto, para evitar el colapso de la especie, habría que tomar medidas más drásticas en todas las regiones salmoneras con el objetivo de que lo poco que entra en los ríos pueda llegar reproducirse.
En este sentido, ha explicado que en Navarra, las medidas de gestión adoptandas empiezan a dar sus frutos, hasta el punto de que 2026 es el segundo mejor año de alevines desde 90.
«Estos son ejemplares que han nacido de los salmones que entraron en temporada 23/24 todos y que se pudieron reproducir al no haber pesca y que en dos o tres año volverán», ha destacado.
Además, están repartidos por toda la cuenca en lugar de estar concentrados sólo en la parte baja, lo que se debe a que el derribo de presas y azudes en desuso o la permeabilización de barreras en uso ha facilitado su movilidad y con ello aumentado sus posiblidades de supervivencia.
En este sentido, ha recomendado a Asturias mejorar la permeabilización y conectividad de sus ríos, así como analizar qué está pasando allí y vedar la pesca. «O se actúa, o el salmón va a desaparecer antes de lo que pensamos», ha advertido Ardaiz.
País Vasco alerta de una notable caída en 5 años
El salmón atlántico desapareció de todas las cuencas del País Vasco salvo de la del Bidasoa debido, principalmente, a la sobrepesca, la acumulación de obstáculos que impiden el remonte del río para acceder a zonas claves (reproducción, estabulación, etc.), la alteración del hábitat y una deficiente calidad del agua, ha apuntado Iker Zubimendi, técnico del Servicio de Fauna y Flora Silvestre de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
Ante esta situación, la Diputación Foral de Gipuzkoa activó un programa de reintroducción del salmón atlántico en el Urumea (1993) y en el Oria (1995). El resultado: una media de 135 salmones adultos en el Urumea al año en los últimos 15 años (2010-2025) y de 42 salmones en el Oria.
Sin embargo, estas poblaciones son pequeñas, se localizan en el límite sur de la distribución natural de la especie y son especialmente vulnerables a los cambios hidrológicos y climáticos, tanto en su fase marina como en su fase fluvial, ha apuntado el técnico.
Así, en los últimos 5 años se ha registrado un notable descenso, con un valor medio de 42 salmones al año para el periodo 2021-2025 en el Urumea y de sólo 19 ejemplares en 2025. Este descenso es de similar magnitud en Oria y Bidasoa y parece ser común a otros ríos cantábricos y peninsulares. En lo que va de 2026 han remontado el Urumea solo 2 salmones.
Life Kantauribai
Entre los motivos que más están contribuyendo al declive, ha destacado la limitación del hábitat disponible para la reproducción por la presencia de obstáculos, la baja calidad del hábitat fluvial en algunos tramos, la mortalidad de origen antrópico como la provocada por las centrales hidroeléctricas en la migración de descenso de esguines (juveniles) de salmón hacia el mar y la calidad del agua en algunos tramos.
Estos factores de presión unidos a los climáticos en fase fluvial, con un aumento de las temperaturas, y en fase marina, con un aumento de la mortalidad para el salmón, son responsables del declive de la especie, ha aseverado Zubimendi.
Para ayudar a revertir la situación, Navarra y Gipuzkoa trabajan conjuntamente en el proyecto confinanciado con fondos europeos Life Kantauribai, centrado en la mejora del hábitats fluviales y la recuperación de especies emblemáticas que los habitan, como el salmón.
Entre otras acciones, el proyecto comprende la eliminación y permeabilización de barreras fluviales, el estudio de la mortalidad de ejemplares en centrales hidróeléctricas y la adopción de medidas para evitarlo o reforzar las poblaciones de salmón mediante reproducción artificial y repoblaciones en fase alevín. EFEverde
atm
El Gobierno encarga al comité científico que informe sobre el estado de conservación del salmón




