GRAFCAN8686. PUERTO DEL ROSARIO (FUERTEVENTURA) (ESPAÑA), 29/04/2025.- El apagón que este lunes dejó sin luz a la mayor parte de la España peninsular no ha tenido incidencias en las redes eléctricas de Canarias, aisladas de la península, pero sí se ha notado en importantes distorsiones en las redes de telecomunicaciones. En la imagen, tendidos eléctricos en Fuerteventura. EFE/Carlos de Saá

El apagón, un año después: ¿dónde estamos y qué hemos aprendido? Por Marga González (Genesal Energy)

Hay días que pasan sin dejar huella y otros que se quedan grabados en la memoria colectiva con una precisión quirúrgica.

El apagón, que estos días cumple un año, fue uno de ellos. Durante unas horas, la falta de suministro interrumpió rutinas, frenó actividad económica y puso de manifiesto hasta qué punto dependemos de una electricidad que casi siempre damos por asegurada.

Según datos de la CEOE, el impacto económico fue de unos 1.600 millones de euros, en torno al 0,1% del PIB nacional. Pero, tiempo después, el valor de aquella fecha no se puede quedar en el recuerdo de lo ocurrido, es una oportunidad para preguntarnos qué hemos aprendido y, sobre todo, en qué punto nos encontramos hoy.

Porque la cuestión relevante ya no es tanto analizar lo que falló entonces, sino evaluar si estamos mejor preparados ahora. Si hoy hubiera una nueva interrupción de gran alcance, ¿responderían nuestras infraestructuras con mayor rapidez, coordinación y fiabilidad? ¿Se ha reforzado de verdad la cultura de la prevención? ¿Se ha entendido que la continuidad energética depende, además de contar con grupos electrógenos de saber gestionarlos, mantenerlos y activarlos en el momento preciso?

Resiliencia energética

La primera gran lección es que la resiliencia energética no se improvisa. Más allá de la robustez de las redes o de la capacidad de generación, el foco de trabajo debe situarse en la planificación, la anticipación y la claridad con la que cada organización identifique sus vulnerabilidades. Durante mucho tiempo, la continuidad energética se ha abordado como una cuestión técnica que se activa cuando surge el problema. Y ya vimos que este enfoque no es suficiente. Prepararse significa analizar riesgos, definir prioridades, prever escenarios de fallo y diseñar respuestas antes de que llegue la emergencia.

Ese cambio de mentalidad es especialmente importante en un contexto como el actual, con sistemas cada vez más electrificados, más conectados y más exigentes. La transición energética ha traído avances indiscutibles, pero también una mayor complejidad operativa.

En ese marco, la energía de respaldo sigue siendo un componente crucial, pero no puede entenderse de forma aislada. Forma parte de una estrategia más amplia de continuidad, en la que también cuentan la planificación operativa, el mantenimiento, la monitorización, la coordinación entre equipos y la capacidad de priorizar qué debe mantenerse en funcionamiento en una situación crítica.

Prevención

La segunda gran lección tiene que ver con la prevención. Un sistema energético es realmente seguro cuando no espera a que algo falle para actuar. Esto vale para las infraestructuras, para los equipos y para los procesos. La revisión periódica, los protocolos de actuación, los simulacros, la supervisión de activos críticos o la actualización de sistemas ya no son elementos accesorios: son parte esencial de la seguridad. La prevención reduce incertidumbre, limita el impacto de una incidencia y mejora la capacidad de respuesta en todos los niveles.

También hemos aprendido que la resiliencia no depende únicamente de la tecnología. Depende, sobre todo, del conocimiento que hay detrás. Cuando se produce una contingencia, la diferencia la marcan siempre las personas: quienes han diseñado los protocolos, quienes conocen las instalaciones, quienes pueden interpretar una anomalía a tiempo y quienes saben cómo actuar con rapidez y criterio. Por tanto, donde realmente reside la verdadera preparación de un sistema es en el talento y la capacidad de respuesta de quienes lo sostienen.

Digitalización

Hay además un factor que ha ganado un peso decisivo en este año: la digitalización. Hoy, gestionar la seguridad energética exige visibilidad. Poder monitorizar instalaciones en tiempo real, detectar incidencias antes de que escalen, coordinar recursos a distancia o tomar decisiones con información actualizada se ha convertido en una ventaja estratégica. En un sistema cada vez más descentralizado, la capacidad de supervisión y gestión remota ya no es una mejora complementaria: es parte de la resiliencia.

Un año después del apagón, quizá la conclusión más importante sea esta: la seguridad energética no puede abordarse meramente como respuesta a la urgencia. Tiene que formar parte de la estrategia. De la misma manera que las organizaciones planifican sus riesgos financieros, operativos o tecnológicos, también deben planificar cómo proteger su continuidad frente a interrupciones del suministro. No ya como un ejercicio teórico; más bien como una necesidad real en un entorno cada vez más expuesto e interdependiente.

Marga González es directora de SAT en Genesal Energy.

La pregunta, por tanto, ya no es qué ocurrió entonces. La pregunta es si hemos aprovechado esa experiencia para reforzar lo que de verdad importa: la anticipación, la prevención, la coordinación y la capacidad de respuesta.

Porque si mañana hubiera un nuevo apagón, la diferencia no la marcaría solo la tecnología. La marcaría, sobre todo, el grado de preparación con el que lleguemos a él.

 

Marga González es directora de SAT en Genesal Energy.

 

Logotipo de Genesal Energy

 


 

Esta tribuna puede reproducirse libremente citando a sus autores y a EFEverde.

 

Otras tribunas de Creadores de Opinión Verde (#CDO)

Este blog de «influencers verdes» fue creado por Arturo Larena y ha sido finalista en los Premios Orange de Periodismo y Sostenibilidad 2023 en la categoría de «nuevos formatos».